Los habitantes del condominio Lomas de Nos, en San Bernardo, hoy viven atentos ante cualquier señal de alerta medioambiental tras años de tediosa convivencia con el ex vertedero Lepanto.
Por Gabriel Cepera, Bruno Quezada y Dariel Uribe
Colegio Palmarés los Cóndores de San Bernardo
Seguramente cuando piensa en vecinos lo primero que se le viene a la cabeza es una familia que quizás, de una u otra forma, puede causar algún problema de convivencia. Pero ¿qué sucede cuando su vecino es algo más grande que una familia y sus repercusiones llegan más allá de las casas colindantes?
Para los pobladores del condominio Lomas de Nos, en San Bernardo, el ex vertedero Lepanto se convirtió en el vecino que nadie quiere, pues no generó ningún efecto positivo para la comunidad, sino todo lo contrario: plagas y enfermedades se transformaron en el miedo de comunidades aledañas.
De esta manera, la calidad de vida de los vecinos se volcó literalmente a la basura y pese a que en la actualidad han ido recuperando la sensación de seguridad, debido al cierre de este, aún sigue la desconfianza ante la presencia del vertedero en la zona.
Convivir con un vertedero, larga historia de cierres y reaperturas
En el ex vertedero Lepanto se depositaban desechos de diferentes empresas y corporaciones, los cuales eran acumulados y luego terminaban siendo quemados. Dicho proceso se mantuvo así hasta el año 2002, cuando fue clausurado permanentemente.
La clausura se llevó a cabo gracias a diversas denuncias realizadas por vecinos, como Héctor Rivera, quién señala: “Sentíamos dolor de cabeza cuando la dirección del viento iba hacia mi condominio”, así como también menciona que, durante el funcionamiento de la empresa, hubo presente plagas de insectos y roedores que llegaban por el olor y los desechos de distinta índole, lo que encendió las primeras alertas.
Más tarde en el año 2003 dos empresas recibieron permisos para desechar escombros sólidos, lo cual se mantuvo con normalidad hasta 2013, año en que se expandieron los permisos para desechar un químico llamado “óxido de molibdeno”. Los meses pasaban y el olor del vertedero aumentó lo que alarmó nuevamente a la comunidad aledaña. Sustancias gaseosas y desconocidas los estaban afectando gravemente, “se mostraba un humo blanco que provenía del lugar”, es el principal recuerdo de los habitantes, quienes se mostraron temerosos e impotentes ante esta situación, ya que, tras innumerables solicitudes de información a la empresa responsable, esta no dio a conocer antecedentes sobre lo que se estaba pasando dentro del recinto.
Dicha problemática también tuvo como consecuencia un conflicto entre vecinos y trabajadores de la empresa, quienes en muchos casos actuaban de manera impulsiva o agresiva para evitar las preguntas y cuestionamientos de los afectados.
A partir de esto, el Superintendente de Medio Ambiente solicitó una investigación, descubriendo que estaban manejando químicos y sustancias no autorizadas en el año 2013, por lo que los administradores de Lepanto estaban arriesgando multas por sobre los $11.000.000 de pesos chilenos.
Después de esta investigación los vecinos tuvieron un respiro, el cual duró hasta, el 23 de junio de 2019, momento en el cual una nube tóxica azotó el condominio Lomas de Nos por culpa de un incendio en el vertedero. De esta manera, luego de varios años de funcionamiento el recinto se hizo noticia de nuevo, siendo catalogado por algunos medios como “el Chernóbil de San Bernardo”.
Numerosos vecinos junto con el comité medio ambiental de Lomas de Nos volvieron a denunciar el hecho. Es así como inquietos y con molestias físicas asociadas a la contaminación dan a conocer su testimonio con una frase que no deja de resonar: “Quiero saber que estoy respirando”, palabras que demuestran el descontento y frustración por el mal control de los desechos y la falta de información.
El amago de incendio no fue alertado al cuerpo de bomberos y por este acontecimiento se creó una nube de humo y olores que se quedaron presentes por aproximadamente dos semanas y medias según los testimonios de los vecinos.
Este humo blanco generó fuertes síntomas en la población cercana, quienes en distintas declaraciones señalan que: “Nos dolían los ojos, nos picaba la garganta y teníamos dolores de cabeza constantes”.
¿Qué es lo que causó la crisis en el vertedero?
Mientras los vecinos sufrían, el interior del ex vertedero era una burbuja. Esto se logra apreciar mediante las declaraciones de Jaqueline Romo, ex funcionaria por 17 años en el relleno sanitario, quien comenta que: “no se alcanzaba a percibir olores de los desechos en el día a día desde las oficinas, junto al hecho que se destacaba por una excelente higiene”.
Según un informe público de la compañía “Los esteros”, empresa administradora del vertedero, afirmó tener una gestión adecuada.
En relación con el proceso iniciado por la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) en el año 2016, la empresa habría colaborado con las autoridades, entregando todos los antecedentes requeridos, donde especifican que la empresa no ha realizado alguna extracción de áridos en el recinto.
Hablando del amago del incendio ocurrido, en el 25 de junio del 2019, se mantiene certeza sobre presencia de humo en la zona sur del recinto durante el día, esto alarmó a la compañía “Los esteros” de manera inmediata, llevando a cabo el plan de contingencia preparado con anterioridad, donde alertó a las autoridades para poder rápidamente tomar acción en el lugar y evitar así daños de mayor intensidad.
Avanzando en la recuperación de confianzas
Actualmente el vertedero Lepanto Greenrec se encuentra operando con normalidad, sin presencia alguna de olores ni humo. Se descarta la existencia o depósito de desechos químicos o tóxicos y basuras domiciliarias en el terreno, por lo que no ha existido riesgo alguno para la salud de los vecinos colindantes o para el mismo medioambiente.
Según el testimonio de los habitantes, en la actualidad el ex vertedero es menos contaminante, quedando atrás las plagas, malestares físicos por malos olores y no se observan vecinos molestos ni disgustados por ver mermada su calidad de vida. Sin embargo, estos siguen organizados y alerta ya que no quieren revivir la experiencia del pasado ni convertirse en una zona de sacrificio.





















