Diario La Voz del Cardenal Caro, Liceo Polivalente Moderno Cardenal Caro (Buin)
¿Es el profesor un elemento decisivo en el aula? ¿Es la actitud personal del profesor la que crea un buen o mal ambiente de aula? ¿Es el humor diario del maestro el que crea un ambiente de clase? En efecto, estas interrogantes pueden ser respondidas con una rotunda afirmación. No obstante, vale plantearse la siguiente pregunta: ¿Qué tan conscientes están los docentes de ésta responsabilidad dentro del aula?
El profesor tiene una gran responsabilidad sobre los educandos. Empezando por el significado que lleva en sí el liderazgo instruccional y pedagógico, que hace la gran diferencia entre uno y otro educador. Es preciso mencionar que el profesor posee el poder, que muchos no llegan a considerar conscientemente, de hacer más o menos feliz la vida de una persona. También puede ser un agente de humillación o bien de permanente crecimiento e inspiración. Su labor puede lastimar o enaltecer, permitir o limitar el desarrollo sostenido de las habilidades de los educandos. El profesor tiene la tremenda capacidad de levantar el ánimo, participar en la construcción de los sueños y expectativas de sus estudiantes. Una palabra, un gesto puede convertirse en un elemento determinante que incida directamente en el estudiante, porque hasta el comentario más simple e insignificante que hace el maestro es formativo y tiene efectos en la personalidad del estudiante.
El profesor tiene la tremenda capacidad de levantar el ánimo, construir sueños y expectativas de sus estudiantes.
Con maestros atentos, amables y respetuosos es claro que se consiguen logros en los estudiantes. Maestros que ponen énfasis en aquellas situaciones que afectan en el presente de cada alumno, no con el propósito de establecer un juicio de valor sobre ellos/as, sino con el fin de ayudarlo a que se encuentre a sí mismo como un ser humano que se forma día tras día, no solo en cuanto a lo que compete a su conocimiento, también respecto del rol que cumple dentro de la sociedad de hoy. Son maestros empáticos quienes consiguen ver con facilidad a los estudiantes individualmente, con todas sus virtudes y dificultades, sus afectos, sus logros y sus tristezas. Una comunicación efectiva es un recurso que ayuda enfrentar el arduo quehacer pedagógico de hoy. Un maestro que impulsa un ambiente en el cual se fomenta el respeto a las opiniones de los demás y donde la ridiculización no tiene cabida, y de existir, ésta se convierte en una oportunidad para enseñar a los estudiantes el respeto por sus pares y por los adultos.
Si lo que se desea lograr es un comportamiento adecuado en los estudiantes, la buena comunicación es la base para el trabajo pedagógico. El lenguaje es una herramienta que cobra gran protagonismo, un profesor que sabe escuchar, que usa un lenguaje moderado tendrá respuestas positivas, se encontrará con estudiantes que responderán de manera positiva, interesados en mantener una conversación fluida, donde las emociones y sentimientos serán más importantes que las limitaciones cognitivas. Tal como lo señala Ginott: “Los insultos en clase están de más, porque un buen maestro educa y disciplina, sin que se deje llevar por la emoción que le ha producido cualquier altercado”. No cuento con grandes fórmulas para hacer saber a todos los profesores que una buena comunicación profesor – alumno es detonante al momento de hacer que los estudiantes seamos personas con un mayor espíritu de trabajo, mayor capacidad de escucha.
La solución pudiese ser simple: escucha, si quieres ser escuchado. Soy testigo de cómo cada vez que un compañero de curso es escuchado por el profesor, el clima de la clase mejora y se siente al profesor más cercano.

















