Alejandra Orellana, cuarta finalista de MasterChef, es una gran dog Lover

Alejandra Orellana, cuarta finalista de MasterChef, es una gran dog Lover

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Alejandra Orellana, joven mujer que luchó para alcanzar el sueño de convertirse en una gran representante del rubro gastronómico local, a nivel de eventos; pero que divide su tiempo entre los cuchillos y sartenes, y el amor que le dedica a sus seis perritos adoptivos. Foto: Archivo Personal.

Junto a su esposo Gonzalo, comparte el amor por perros, por lo que no es extraño que ella dedique parte de su día a día al cuidado de ellos, los que forman parte de su hogar y comparten la característica de ser rescatados y adoptados desde la calle.

Autora: Gisela Andrea Abarca Andereya.
Diario El Ciudadano Informado, Liceo Gabriela Mistral (San Antonio)

Un par de metros antes de llegar a la casa de Alejandra Orellana ya sienten diversos aromas, entre dulces y salados, que salen desde su cocina; los que son acompañados de ladridos amistosos de un grupo de perros, que corren entre el patio y el ante jardín. A lo lejos se escucha «¡Ya voy! ¡Les abro la puerta, dejen que entre a los chicos, para que no las molesten!».

Pasaron unos dos minutos, y la Alejandra, la Ale, sale con una sonrisa y dice: «bienvenidas, es un orgullo para mí, que quieran entrevistarme, como una persona para destacar».

Alejandra Orellana, es una joven mujer de 31 años, egresada de la carrera de Derecho, pero que dejó de lado el Código Civil y los fríos pasillos de tribunales, para dedicarse a su gran pasión: la cocina; la que incluso la llevó a inscribirse en la primera temporada de Master Chef Chile, espacio televisivo de Canal 13, y en el que obtuvo el cuarto lugar. Desde ahí, el ser conocida le entregó un nuevo plus, a un emprendimiento gastronómico que había iniciado hace unos años, Vatel Producciones, destinado a la realización de eventos y venta de productos gourmet, y que la lleva a moverse entre varias ciudades del país.

Paralelo a ello, la Ale, divide su tiempo entre sus amigos, el gimnasio, su familia, su esposo Gonzalo, y sus mascotas; éstas últimas son parte importante de su vida, del día a día, donde esta joven mujer demuestra que no solo tiene mano de monja sino un gran corazón de Dog Lover. La sanantonina aún sorprendida por ser sometida al cuestionario del equipo de prensa de El Ciudadano Informado, se acomoda en uno de los tantos sillones de su living, y comienza a responder una a una las preguntas.

Su amor por la cocina

¿Cómo surgió tu vocación la cocina?
Mi vocación por la cocina no surge en momento exacto o en un día preciso, fue algo que se fue dando, ayudada por una serie de factores: salir del colegio e irme a vivir sola, la necesidad de cocinar, pero yo creo que principalmente nace por mi gusto por comer, ¡Amo comer!, y siempre me ha gustado cocinar para momentos especiales; desde el colegio recuerdo haber preparado en muchas ocasiones comida para mis pololos (risas) o en la universidad y me encantaba «engrupirme» con cosas que preparaba, bueno, parece que igual eso me sigue pasando un poquito (risas otra vez). Además, en la universidad conocí a una de mis mejores amigas, la Valeria, quién también le encanta salir a comer y cocinar, y para los cumpleaños hacer magnos eventos y preparar muchas cosas igual que yo, lo que potenció lo que hoy en día es mi pasión: cocinar.

¿Estudiaste algo para dedicarte a eso?
No estudié nada relacionado a la gastronomía, lo que estudié es Derecho, carrera que sin duda igualmente sirve para desenvolverse en todo ámbito en la vida, ya que cocinar es una cosa, pero un negocio con cocina es otra y claramente me ha ayudado desde ese punto de vista. Aprendí viendo programas de cocina, de los que me declaro fan, viendo revistas, leyendo libros, conversando de cocina, por sobre todo comiendo y derechemente mi mayor guía en la cocina es EL INSTINTO.
Me encantaría estudiar gastronomía, es un sueño en este momento, o hacer cursos en distintas partes del mundo ojalá partiendo por Chile, Perú, Argentina, España, Francia o tantos lugares más.

Te vimos en MasterChef ¿qué nos puedes comentar sobre esa experiencia?
De la experiencia de haber estado en Masterchef podría decir tanto, pero básicamente que fue increíble, tremendamente gratificante, aprendí muchísimo, conocí personas maravillosas, viví situaciones de mucha felicidad, otras de tremenda pena, aprendí de mí, me sorprendí de mí; porque me encontré adulta, dejando atrás a la Ale un poco más «niña», impulsiva y que hablaba o actuaba muchas veces sin pensar. Desde el punto de vista culinario, fue como haber tomado un intensivo, crecí montones.

¿Sientes que la fama te ha ayudado a ser más conocida con tus preparaciones?
¿Si la fama me ha ayudado a ser más conocida con mis preparaciones? Es evidente, sin embargo, estoy lejos de sentirme una persona «famosa».

¿Por qué el cambio rubro, si estudiaste Derecho?
Porque cuando sueñas «literalmente hablando» con comida, que mezclas ciertos sabores, o cuando en el día sólo piensas que te falta agregarle a esa salsa que preparas para que quede perfecta, cuando ir a la vega o a la feria es un panorama para ti y vibras con cada color, forma, textura, sabor de los productos y materias primas, cuando para Navidad solo quieres ver todos los especiales de cocina que dan en el cable, cuando los libros de cocina se transforman en tu regalo perfecto y te apasionas con tus preparaciones de comida y montajes tratando de emular a alguno de los muchos chefs que admiras; te das cuenta que para ser feliz, debes estar en lo gastronómico, porque no es sólo la cocina, sino que también sus distintas aristas.

¿Piensas en retomar tu carrera, o harás de la cocina tu proyecto de vida?
La verdad ya no sé si retome mi carrera, pero definitivamente haré de la cocina mi gran proyecto de vida.

¿Cómo divides el tiempo entre ollas, sartenes y tus otras actividades?
Muchas veces es difícil dividir el tiempo entre todas las cosas, porque actualmente tengo una Banquetera: Vatel Producciones Gastronómicas, pero la mujer actual es mutifacética y somos capaces de hacerlo todo.

Las mascotas

Sabemos que amas a los animales, ¿qué nos puedes decir de ello?
Amo a los animales, principalmente a los perros, producen en mí una ternura y compasión que generalmente no me producen los humanos, la verdad es que hoy en día mis perros son parte mi familia, somos una manada.

¿Qué es lo que más te gusta de ellos?
Lo que más me gusta es su bondad, su lealtad, lo incondicionales que son.

Ladina, es el nombre de la primera perrita que Alejandra adoptó, actualmente comparte el hogar y cuidado con otros cinco. Foto Archivo Personal de Alejandra Orellana
Ladina, es el nombre de la primera perrita que Alejandra adoptó, actualmente comparte el hogar y cuidado con otros cinco. Foto Archivo Personal de Alejandra Orellana

¿Por qué nace el amor por ellos? Amor que te lleva a rescatarlos y ayudarlos, por lo que supimos.
Mi amor por los perros nace desde muy pequeña, cuando llegué a vivir a Santo Domingo a la parcela de mis tatas, a los 8 años, ellos tenían perro y después fuimos, con el transcurso de los años, adoptando varios, los que por lástima, en general vivían poco, ya que en parcela siempre es muy complejo evitar que se vayan a otras, en las que hay veneno o trampas de conejo. Por lo mismo es que desde pequeña sufrí mucho cuando los perdía y decidí tratar de tener los míos el mayor tiempo posible.
Con los perros siento una conexión especial y es esa conexión la que produce en mí profundos sentimientos, ya sea cuando los veo felices o tristes o botados en las calles, cosa que realmente me afecta, pienso que son seres indefensos que nada pueden hacer por mejorar su ituación, no pueden pedir ayuda, si están en la calle y tienen sed no pueden pedir agua, están entregados a la poca bondad humana que va quedando, eso mismo es lo que me lleva a ayudarlos.

¿Cuál es la historia de rescate más linda que tienen tus mascotas?
Todas mis guaguas tienen historias de rescate bonitas, pero si pusiera contar una, sería de la «Chacala», cuyo nombre lo recibió porque su cuerpo estaba tan herido por la sarna, lleno de costras y su cara casi desfigurada, que parecía una especie de chacal. Llegó a nuestra casa, como varios de los otros que forman parte de nuestra manada, desde la calle y la vi tan mal que inmediatamente le di agua y comida, la que casi no masticaba porque se la tragaba. Como le di comida y agua empezó a quedarse afuera de nuestra casa, en una casa de perro que tenemos instalada bajo un árbol para que cualquiera que la necesite pueda ocuparla.

Cuando salía cerca de mi casa caminando, ella me seguía, fiel a mis pasos, a mi lado o por delante, contenta, sin notar las desagradables caras de la gente cuando la miraban, la rechazaban por su aspecto, el cual por supuesto ella nunca pidió tener. Eso me producía mucha pena, pensaba lo desgraciados que somos como personas muchas veces, me daban ganas de protegerla, y gruñirles a todo el que la siguiera mirando así y apartándose bruscamente de su lado. Ella, por supuesto, en su inocencia, se sentía dichosa de poder acompañarme unas cuadras.

Al poco tiempo la Chacala comenzó a ponerse cada vez más agresiva con las personas que transitaban por fuera de nuestra casa, por la calle, en un afán de protección hacia nosotros, lo que obviamente trajo problemas y tuvimos que evaluar seriamente entrarla, cosa que antes no habíamos hecho porque ya teníamos 5 perros adoptados y el veterinario nos señaló que eventualmente podían contagiarse. Finalmente entró y nos costó un poco que los demás la aceptaran, eso no es tan fácil, pelearon, jugaron y finalmente se aceptaron. Fue feliz en su manada.

Aunque no estuvo mucho tiempo con nosotros porque comenzó a decaer cada vez más y nunca logramos que se recuperara totalmente, al parecer tenía dañado el hígado, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, veterinario, remedios, alimento especial, exámenes, pero no lo logró, un día desperté y mi marido me dijo que ya no estaba con nosotros, lloré de pena, de rabia y de frustración por no haber logrado ayudarla, pero me quedo con su sonrisa, con sus ojos brillosos de contenta cuando le hacíamos cariño; le encantaba el contacto, porque me imagino nunca nadie quiso tocarle su cuerpo; me quedó con que sus últimos días los pasó con su manada, rodeada de cariño y preocupación. Hicimos un hoyo en el jardín, el que cavé con mis propias manos, la enterramos y pusimos un bello arbolito en su nombre, que cada vez que riego, le digo: ¡Hola Chacalita!

Filosonfando con Alejandra

¿Qué le diría la Alejandra actual a la Ale niña, a la Ale adolescente y a la Ale 65 años?
Uyyy, que difícil pregunta; quizás a la Ale niña que nunca deje jugar y soñar. A la Ale adolescente, que piense mejor lo que va a estudiar, es mejor seguir tus sueños. Y a la Ale, más mayor, que valió la pena el camino recorrido.

¿Cómo te describes en tres palabras?
Aunque suene raro por ser las tres primeras letras de mi nombre, Ale, me describo como una persona: alegre, leal y entusiasta.

¿Qué le dirías a los jóvenes que te ven como un ejemplo?
Que no soy ejemplo de nada, pero si que es necesario luchar por lo que uno quiere, a pesar de lo que les diga su entorno, nunca deben dejar de hacerlo; y que nunca es tarde para seguir sus sueños y dedicarse a lo que aman, independiente de las caídas.

¿Cómo te ves de aquí a 20 años más?
Me veo dueña de mi propio restaurante, donde pueda llevar a cabo toda mi creatividad, fusión de platos, salsas y preparaciones con productos de mi propia huerta; donde este mi local, no lo se, puede ser San Antonio, Santiago o por qué no algún lugar del mundo.

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