Autora: Morgan Herrera
Diario La Voz del Cardenal Caro, Liceo Polivalente Moderno Cardenal Caro (Buin)
Confucio ( 551-479 a.C.) pensador chino, nos decía: “Donde hay educación, no hay distinción de clases” frase dicha hace ya tantos años, viene a ser eco en nuestras mentes. Hasta mi liceo llegan padres a solicitar matriculas para el año 2016, hemos sido informados que aquí ya se ha comenzado a poner en práctica la Ley de Inclusión, iniciativa que el MINEDUC promueve bajo el principio de no discriminación arbitraria e inclusión, es decir, aquella que hace un llamado a aceptar a quien es distinto, en que los alumnos son incluidos a pesar de sus diferencias: sea racial, ideológica, religiosa o de clase.
En esta inclusión, que pretende ser «bondadosa y comprensiva con quien es diferente», se entrega apoyo al estudiante, con el fin de poder dar acceso a mayores oportunidades de vida, de tener una educación de calidad, que socialice, que contribuya al crecimiento personal, favoreciendo el desarrollo educativo posterior, teniendo un efecto compensador para los niños que viven en contextos vulnerables, pues ya es bien sabido que la educación permite un alto retorno económico. Es así, como hoy ya no es tan lejana la realidad de poder compartir con personas de otros países, otras culturas, otras maneras de percibir y enfrentar el mundo.
Si nos referimos a la educación en la primera infancia (nacimiento a 8 años, según UNESCO) y a la inmigración, también resulta ser éste un gran tema. Cuando la UNESCO se refiere a educación e inclusión, pone énfasis en cómo ha ido surgiendo la necesidad de programas de cuidado y educación de la primera infancia, y de cómo esto ha ido en aumento, debido a la creciente incorporación de la mujer al mundo del trabajo. En los últimos años la estructura familiar tradicional ha ido cambiando. Por tanto, la necesidad de brindar beneficios a los niños se torna urgente.
Por otro lado, a diario se escucha que llegan a las escuelas y liceos estudiantes inmigrantes: chinos, haitianos, peruanos. La pregunta que surge es obvia: ¿Estamos los chilenos preparados para recibir a los inmigrantes? Al recibir a un inmigrante, no solo se recibe a alguien que debe aprender de nuestra particular forma de hablar, vestir, actuar; es imperativo procurar que quien llega a vivir a esta nueva cultura se adapte, que goce de condiciones dignas, que pueda educarse y pueda sentir que progresa.
El llamado viene desde tiempos remotos: “Donde hay educación, no hay distinción de clases”, nos decía Confucio hace 1500 años.
A todos nos encantaría que se nos tratase con respeto, que nos incluyese, socialmente hablando, que se nos tratase con respeto y se considerarán nuestras debilidades y se reconocieran nuestros talentos.Porque hablar de inclusión en educación es referirse directamente a la felicidad del ser humano, a la democracia, al desarrollo sostenido de una sociedad más justa, de ahí la importancia de que la educación debe gozar de acceso para todas las personas a través de toda vida.
La educación es reconocida por todos como un bien común, como un derecho humano del cual nadie puede ser eximido, ya que gracias a la educación es que las personas se desarrollan y consiguen tener acceso a un empleo digno, a atención de salud, a participación política en conciencia.
En conclusión, fortalecer una educación de excelencia conlleva como primer paso, avanzar hacia el desarrollo de escuelas más inclusivas y democráticas, donde se dé acogida a todos los niños sin considerar sus condiciones personales, culturales o sociales, donde lo prioritario sea dar respuesta a sus necesidades de aprendizaje. Sin embargo, para ofrecer una educación de calidad, el primer paso que se debe dar es el de la inclusión, ¿por qué?, simplemente porque sin inclusión, no hay educación. Toda persona debe crecer junto a un círculo que lo apoye, a pesar de todas sus diferencias, porque son precisamente estas mismas diferencias las que lo van a llevar a ser una gran persona, cuyo aporte signifiqué la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

















