Unión civil: un cambio necesario

Unión civil: un cambio necesario

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Autora: Rocío Becerra
Diario El Informante, Liceo Instituto Cumbre de Cóndores (Renca)

Son nuevos tiempos. Chile se ha convertido en un país que avanza en lo económico, en lo cultural y también lo está logrando en lo social. Frente a este último tema, la nación da un gran paso cuando crea la nueva Ley de Unión Civil o Ley 20.830, la cual permite el estado civil de convivientes civiles, generando derechos y deberes de ayuda mutua y de orden patrimonial, tales como el derecho a sucederse o a pactar un régimen específico para administrar los bienes que se adquieren durante la vigencia del acuerdo, entregando además competencia a los tribunales de familia para resolver los conflictos de intereses que se susciten producto de la convivencia civil.

Esta ley marca un antes y un después en la legislación chilena, dejando de lado imposiciones sociales y religiosas para aquellos que conviven, como para quienes mantienen una relación con parejas del mismo sexo.

Estamos creciendo. Sí, lo estamos haciendo. Estamos logrando abrir nuestros ojos, de a poco. Durante décadas anteriores existió una discriminación infundada, por aquellos que tenían decisiones distintas a las convencionales. Por ejemplo se presionaba socialmente a las parejas para casarse ya sea por el civil o por la iglesia y de esta manera ser reconocidas e integradas en la sociedad o incluso en algunos trabajos no se aceptaban a personas que convivían porque eran consideradas “mal vistas o daban una impresión errada de lo que se esperaba para una familia».

Creo que el tema no pasa por el casamiento o no de una pareja en cualquiera de los dos estamentos, sino que cada persona tiene la decisión de realizar lo que estime pertinente y no condenarlo por pensar y actuar distinto. Insisto, aquí no está en discusión el casamiento o no, sino el respeto a las decisiones de cada cual. Ahora si entramos en temas aún más profundos, nuestra sociedad, ha manifestado en varios momentos de su historia una intolerancia por aquellos que tienen una una tendencia sexual distinta o que mantienen relación con personas de su mismo sexo. Debido al agobio y la falta de tolerancia frente a la formas de ser diferentes, muchos decidieron callar su opción y no ser avergonzados socialmente, pero ¿qué pasa por las mentes de esas personas que no pudieron ser libres en sus acciones y debieron someterse al qué dirán?¿por qué nos cuesta tanto entender que la integración es algo fundamental?

Reconocer la diversidad en esta Ley en ambos puntos, es un trabajo que recién comienza. Si analizamos lo que se viene en el futuro próximo, tendremos que comprender que el concepto de “familia” como tradicionalmente la hemos conocido con un papá y una mamá, dará paso a nuevas terminologías como dos papás o dos mamás. La familia poseerá nuevas características que hasta ahora son desconocidas para la mayoría de los chilenos.

Sin embargo saber o vaticinar lo que se aproxima, no se convierta en un obstáculo para avanzar socialmente, al contrario, lo que importa es conocer nuestro grado de respeto, aceptación y reconocimiento de que todos tenemos derechos y que la convivencia en igualdad es lo que realmente importa. Sé que la Ley es un gran paso y que vamos encaminados a renovar nuestros pensamientos en pos de una sociedad mejor, pero el gran cambio no se produce en las leyes, sino en las personas, es decir, el compromiso interno de cada chileno de aceptar la diversidad y las diferencias de actuar de cada uno de los integrantes de la sociedad a la cual pertenecen.

Para lograr esto, debemos educarnos y educar a los demás en que todos tenemos derechos y que la igualdad es un término que debe ser valorado en todo su significado. Tengo claro que vivo en una época de cambios y me agrada sinceramente participar en un país que de a poco logra abrirse paso en temas que hasta hace poco eran tabú o que sólo se hablaban en privado.

El concepto de “familia” como tradicionalmente la hemos conocido con un papá y una mamá, dará paso a nuevas terminologías como dos papás o dos mamás.

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