Hace poco se dieron a conocer los resultados de la evaluación PISA, un proyecto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que busca evaluar la formación de los alumnos cuando llegan al final de su etapa de enseñanza obligatoria. Como era de esperarse los países europeos y asiáticos lideraron las tres ramas contempladas: matemáticas, ciencias y lectura, superando los estándares establecidos como óptimos por la OCDE, sin embargo el panorama para nuestra América latina fue bastante penoso, nada más ni nada menos que todos los países sudamericanos bajo el promedio.
A pesar de la agria situación, hay algo a lo que podríamos llamar reconfortante, Chile fue el país que mejores resultados obtuvo, liderando así el ranking latinoamericano. Conociendo al chileno, este se sentirá orgulloso de lo logrado, aparecerá en las noticias y diarios, pero son pocos los que se darán cuenta que aun así, estando a la cabeza en la región, estamos muy por debajo de lo que se considera aceptable, 46 puntos bajo la media para ser específicos. Es aquí cuando nos preguntamos si en realidad estamos tan mal, quizás deberíamos sentirnos afortunados de tener los más altos índices del cono sur y tendríamos que detenernos a pensar: si sabemos que la educación en chile no es la mejor, imagínense en el resto de los países. Pero es el momento de hacer un ´stop’, hay que ver situación con madurez y no dejarse engañar por números y estadísticas, en un mundo tan globalizado no nos podemos permitir están conformes con estos resultados. Dicho esto ahora hazte la siguiente pregunta: ¿es buena la educación en chile?, creo que sabemos la respuesta.
Entonces, ¿Qué estamos haciendo mal?, ¿Cuál es la clave de Singapur, puntero mundial en niveles de educación, por ejemplo?, ¿Qué está pasando con Latinoamérica?
Determinar los factores que afectan a los resultados resulta una tarea difícil, pues existe una gran diversidad social en Chile y también a nivel continente, entonces responsabilizar a un grupo específico no sería adecuado, por otro lado tampoco podemos relacionar este problema a una deficiencia económica, pues que digamos, Chile tiene la capacidad para afrontarlo, podría más bien atribuirse a una mala destinación de recursos. Sin embargo el factor más significativo, en lo que a mi compete, es la cultura.
Si comparamos la cultura asiática o europea con la latinoamericana, estamos comparando a un veterano con un bebe, miles de años de historia que nos separan. Son culturas en las que existe algo que aquí no es muy común ver: interés. El concepto de aprender es visto como un privilegio, las ganas de saber son muchas pero aquí el aprender es visto como una obligación y a esto se le suma que en nuestro país la jornada escolar es bastante extensa, lo que en cierta medida termina agotando y esto lleva a un efecto contrario en el que ir al colegio se convierte en un sacrificio. Quizás en esos países la educación está más enfocada a la cotidianidad y a aprender a través de la práctica, en cambio nosotros estamos acostumbrados a lo totalmente mecanizado.
Cerrando ya el tema, se puede sacar en limpio que para comprender la educación, tenemos que evolucionar como cultura y ese progreso lo entrega la historia, historia que no tenemos.




















