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Cada día hay más personas dedicadas a la protección del entorno, ya sea a nivel de comunidad o individual. En la siguiente entrevista se profundizará en el trabajo de una profesora que, tanto en su vida laboral como personal, no ha sido indiferente al tema y que busca generar una instancia de cambio y aprendizaje en la comunidad escolar.

Autora: Martina Constanza Paz Jadue Saavedra

Diario El Sopapo Elocuente, Colegio Santa María de Cervellón (Independencia)

Rossana Annaratone, profesora de Ciencias del Colegio Santa María de Cervellón, ubicado en la comuna de Independencia, imparte clases y además dedica su tiempo a educar a los niños sobre el medio ambiente y su cuidado, a través de un taller de jardinería y creación de un huerto. Mediante esta actividad, busca generar un cambio en sus estudiantes, enseñarles con cariño y amor todo por lo que ella ha trabajado y luchado a lo largo de su vida: despertar en ellos esa pasión que siente por la naturaleza y crear, sanamente, un ambiente grato de convivencia.

Se le ve llegar enérgicamente a la entrevista, con sus libros y bolsos repletos de pruebas y trabajos que revisar. Estos últimos no son impedimento para seguir manteniendo esa energía y entusiasmo que transmite a sus alumnos, tanto en clases como en el taller.

Rossana desde siempre se ha preocupado de la importancia del cuidado medioambiental, ya que está consciente de que se debe proteger el entorno, la flora y fauna. Es por eso que no dudó en ser parte de la iniciativa fomentada por el Centro de Alumnos del colegio de crear un taller de huerto, actividad orientada a inculcarles a los estudiantes el amor por la naturaleza y el valor que tiene la tierra.

¿Cuál es su visión sobre el tema medioambiental?

Lo que yo pretendo en mi vida es ser consecuente siempre y en todo momento, y en esa consecuencia trato no solamente de hablar sino que también de hacer. Así como he pensado muchas veces que me gustaría que mi planeta estuviese bien, que la sociedad fuera más responsable y más respetuosa con el medio ambiente y más comprometida, quisiese que eso fuese real. Eso es lo que a mí me motivó a llevar a cabo este proyecto, que estas ideas se concretaran.

Porque siento que hay muchas personas que se sienten como en “tierra de nadie”; no saben dónde aportar ni cómo hacerlo, no cuentan con las herramientas para ello. En el colegio se llega a formar una burbuja en la que a veces no se ve más allá de la propia realidad. Por eso creo que tengo una labor con los alumnos que estoy formando.

¿Cómo fue que surgió la idea de hacer un taller de jardinería?

La idea de este taller fue un proyecto propuesto por el Centro de Alumnos. Necesitaban un profesor colaborador que tuviera algunos conocimientos de huerto, pensaron en mí y, bueno, estos proyectos siempre han sido de mi total valoración. Es más, siempre había tenido muchas ganas de realizar un proyecto así, por lo que quise participar y ahora estoy a cargo de él.

Con este pequeño huertito en el colegio, con el Centro de Alumnos buscamos que a los estudiantes se les forme en el amor que deben tener por la tierra y en el respeto que deben tener por la flora y por la fauna. Así, con ese respeto, es cuando uno empieza a conocer a estos seres, los empieza amar. Es lo que a mí me ha pasado en la vida, que amo al planeta, amo a la fauna y amo a la flora, porque la conozco.

¿Cómo funciona el taller y de qué manera estos valores se logran en él?

El objetivo del taller es la valoración del suelo como un recurso renovable que nos proporciona alimentos mediante un proceso fotosintético. En primer lugar se les dijo a los alumnos los pasos de forma ordenada, los que son la preparación del suelo, es decir, sacar las piedras, raíces, etc. Luego viene el momento de sembrar, que fuesen conociendo las plantas y sus características y, por último, el regado y la mantención de la siembra, hasta que llegue el momento de la cosecha.

La importancia del aprendizaje

La profesora Rossana recalca en todo momento la importancia del aprendizaje en la actividad del huerto. Son varios los niños que participan de este taller, puesto que les llamó mucho la atención la idea de que ellos mismos cultivarían sus plantas y las verían crecer hasta el momento de la cosecha. «Nunca esperé que fuese tanta la convocatoria, contamos con 54 niños en el taller que participan activamente”, comenta.

Debido a esto, es de suma importancia ir acompañando a los estudiantes en este proceso, para que le tomen el valor a la naturaleza y lo que provee. Además recalca lo relevante que es este huerto para generar conciencia en relación al cambio climático que cada año se hace más presente.

Annaratone se ha dedicado con mucho énfasis a la docencia desde que egresó y siempre ha buscado enseñar mediante el ejemplo. Junto a su deseo de cuidar el medio ambiente también tiene una faceta rescatista. Tiene siete perros en este momento a los cuales ha recogido, desparasitado y castrado, promoviendo también esta práctica con sus cercanos.

La docente señala que “en esa formación me gustaría que lo que yo sé, lo que yo he aprendido, lo puedan aprender otras personas, porque siento que al planeta no le queda mucho tiempo para mejorar esta situación tremenda del cambio climático”.

¿Usted cree que través de este proyecto se puede concientizar a las personas y lograr un cambio en esta situación?

No sé si la palabra sea concientizar. La palabra que utilizaría es generar respeto, amor por donde vivimos. La gente no entiende que este lugar donde estamos ahora viviendo es maravilloso. Cada una de las cosas que existen está puesta de una forma precisa, como que hay un creador en cada uno de los factores que existen para que pudiéramos ser felices, pudiésemos realizarnos y estar bien de manera plena.

La gente no entiende que este planeta va de la mano con muchas cosas que tenemos que hacer por y para él, por y para nosotros. Lo que en este caso corresponden a las tres “R”: reciclar, reutilizar y reducir, puesto que todo lo que sacamos de la tierra debe ser devuelto, pero de una manera respetuosa y natural.

¿Qué labor es entonces la que nace a partir de esto?

Es ahí donde nosotros podríamos hacer una labor, en devolverle a la tierra lo que ella no ha dado. La labor que yo estoy haciendo en este instante es ayudando a los niños a que entiendan que la tierra nos da las provisiones para la alimentación, que de ahí parten las cadenas alimentarias, de los productores, etc. Entonces es una forma de enseñar por donde partir a la contribución por el cuidado del planeta.

Además de la conciencia ambiental que se genera en este tipo de espacios, se presenta un aprendizaje integral en el que los valores del trabajo en equipo, la responsabilidad y el compromiso también se hacen presentes.

¿Por qué cree usted que un taller de huerto permite potenciar valores?

Porque este trabajo cruza todos los ejes del aprendizaje. Los niños trabajan en conjunto en un ambiente de sana convivencia. Se promueve el compromiso y la responsabilidad. Los alumnos en la semana me preguntan constantemente sobre qué actividad haremos en el siguiente día de taller y se preocupan por las plantas que sembraron. De a poco van tomando conciencia de la responsabilidad que tienen en el proceso mismo.

Además se vuelve a lo que era esos niños de antes. Recuerdo un alumno que me preguntó si podía sacar unas piedras que entorpecían en el huerto. Quedó lleno de tierra, pero estaba feliz y sus compañeros lo aplaudían porque despejó gran parte del área. Se ve ese compañerismo e infancia pura.

La conciencia ambiental

Hoy en día los problemas ecológicos que se han presentado a lo largo de los años se han hecho mayores, arriesgando que la Tierra ya no sea la misma y, por lo tanto, todos los seres vivos, incluyendo a las personas, sufran las consecuencias de no haber cuidado el medio ambiente como correspondía.

Frente a esta problemática, la profesora Rossana es enfática en que todavía se puede revertir esta situación; que la contaminación de agua, suelo, aire, el cambio climático, el calentamiento global, la deforestación, entre otros problemas, pueden ser frenados si la población toma real conciencia del espacio que ocupan en la Tierra y que es su deber y derecho cuidarla.

¿Cuál cree usted que debe ser la postura que debieran tomar los alumnos y/o las personas frente a esta problemática medioambiental que ha repercutido durante años y que recientemente ha tomado fuerza mayor?

Cada chileno debe responsabilizarse por sus residuos y entender el impacto que estos generan en el ambiente. Son los alumnos y los colegios el verdadero agente de cambio en el mundo. Esto se da convirtiendo a los establecimientos en puntos limpios e instaurando una cultura de reciclaje en los más pequeños, apoyados por programas que fomenten las buenas prácticas ambientales. Reducir, reciclar y reutilizar es un ciclo que debe ser enseñado desde los más pequeños y con la misma importancia en cualquier momento de la vida.

Por medio de estos momentos, como el taller de huerto, dedicados a  concientizar, orientar y valorar la flora y la fauna, según dice la profesora, se pueden lograr grandes avances dentro de la comunidad educativa y también a nivel social, puesto que los niños comparten su experiencia con amigos y familiares, transmitiendo lo aprendido.

Annarotene recalca la relevancia de que a las personas se les infunda el respeto y el amor por la tierra desde una edad temprana, para que así estos valores sean parte de su formación y se vean reflejados a futuro.

La labor de la profesora Rossana es de imitar, puesto que en una sociedad donde la vida y los momentos pasan tan rápidos, dedicarle un rato a lo que es realmente importante, aunque sean unos minutos al día, genera un cambio paulatino, pero creciente.

Múltiples beneficios

La creación de un huerto dentro del contexto educacional es una herramienta muy valiosa que fomenta el respeto al medio ambiente, los valores ecológicos y genera una instancia de aprendizaje integral entre los alumnos. Por esto es que en los colegios, poco a poco, han comenzado a implementarse estas iniciativas con más frecuencia, con la idea de que hacer este taller se transforme en algo común. De modo que los estudiantes y futuros adultos tendrán un criterio bien formado y le den más relevancia a nuestro entorno, ya que posteriormente, ellos serán los capaces de hacer un cambio. 

En agosto de 2017 se realizó el lanzamiento del  Programa de Huertos Escolares en una escuela ubicada en la comuna Macul, iniciativa a cargo de la Junaeb que cuenta con apoyo de la Universidad de Chile.

La instalación de estos huertos en los colegios, además de promover el cuidado del medio ambiente, busca reducir los índices de obesidad infantil y adolescente que se presentan en el país. El objetivo de estos espacios es lograr involucrar a los alumnos en la producción de sus  propios alimentos, siendo parte del proceso, y, de esta forma, generar conciencia sobre el valor y la importancia de la comida sana, el reciclaje y el respeto por el medio ambiente.

Es así como los huertos se transforman en el inicio de un proceso de aprendizaje para los estudiantes, quienes van adquiriendo conocimiento sobre el cultivo y cosecha de las frutas y verduras en un ambiente de compañerismo e integración dentro de la comunidad escolar.

En relación a lo anterior, los huertos se transforman en un lugar de unión dentro de la comunidad escolar, puesto que este trabajo no se da de forma aislada, sino que mediante el trabajo colaborativo de los estudiantes junto a los docentes, donde el compañerismo, trabajo en equipo, respeto, compromiso, responsabilidad, empatía y perseverancia son solo algunos de los valores que priman en estas instancias de aprendizaje.

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