Autora: Valentina Sánchez
Diario: El Idopiano. Colegio IDOP (Santiago, Chile)
Chile, al igual que algunos países de Europa, en las últimas décadas ha experimentado un aumento de la inmigración. Según el departamento de extranjería, 500.000 personas aproximadamente son extranjeras, de las cuales casi la mitad vienen de nuestro país vecino, Perú. Otras naciones de las cuales provienen son Ecuador, Bolivia, Haití y últimamente República Dominicana.
Todos ellos buscan oportunidades para mejorar sus vidas y las de sus familias a través del trabajo, el cual en su lugar de origen es escaso o mal remunerado.
La mayoría de los inmigrantes, al principio, viene a probar suerte y con el correr del tiempo, habiendo obtenido estabilidad, trae a su familia con el propósito de establecerse en el país.
En este punto es en el cual, en los últimos años, los colegios han debido enfrentar una nueva realidad a lo que no estaban habituados. Recibir en sus aulas niños extranjeros.
Un reportaje de La Tercera, en el año 2009, sobre un informe del Ministerio del Interior, (Más de un tercio de los inmigrantes en Chile se siente discriminado, Anda, 08/03/2009) señala que uno de cada tres inmigrantes son discriminados en Chile, ya sea por sus empleadores o por sus vecinos.
¿Cómo se sienten en el colegio los extranjeros?
Actualmente, en el establecimiento IDOP hay seis estudiantes extranjeros. Una realidad muy distinta a la que viven colegios ubicados en comunas donde tradicionalmente han sido albergados muchos inmigrantes, como por ejemplo Estación Central y Recoleta.
Los extranjeros en el colegio corresponden a Gabriela, española, que llegó hace tres años del país europeo; su madre es chilena y debido a los problemas económicos en España, decidieron volver a Chile.
Danna y Brayan, son peruanos y están en el colegio desde 1° básico. Actualmente cursan 5° año básico y son primos. Mateo y Sara son colombianos, el primero está en el colegio desde el año pasado, luego de haber estado un par de años en La Serena y venirse a Santiago por el trabajo de su madre. Sara llegó a la escuela hace tres años.
Finalmente, Mauricio llegó desde Venezuela, con su madre chilena, debido a la situación política del país, en busca de oportunidades y el año pasado, para su alegría, su familia se volvió a reunir con la llegada de su padre.
En general, ellos declaran no haber sentido discriminación en su contra, excepto las típicas imitaciones por su forma de hablar o por desconocer “chilenismos” o usar palabras típicas de su país.
Gabriela, señala que “a veces me molesta que todavía insistan en imitar mi acento español, pues parece más una burla que un juego, además después de varios años, ya no me queda acento”. Tal vez ella no se dé cuenta, pero aún habla como española y es contagioso.
Ellos, en general, dicen sentirse acogidos y bien tratados por sus compañeros que no han hecho diferencia debido a su nacionalidad.
Es importante, sin embargo, mencionar que Danna y Brayan , son los únicos que acusan haber sentido discriminación por su origen de parte de algún compañero/a de curso, y que en más de alguna ocasión se han referido a ellos como “ese peruano/a…”. Cabe mencionar que ambos son los más pequeños del grupo entrevistado (5º básico) y esta situación les ocurrió en 4º básico. Al parecer aún les afecta, pues no quisieron entrar en detalles sobre el tema.
¿Y qué ocurre con el adulto extranjero?
El profesor Luis Eduardo Rivera Menza, llegó de vacaciones a nuestro país hace nueve años. Él es originario de Neiva, una ciudad al interior de Colombia. Ha trabajado en cuatro colegios desde que se encuentra en Chile. En nuestro colegio lleva siete años desempeñándose como profesor en la Enseñanza Media.
Señala que se quedó en nuestro país sin buscarlo. Cuando se encontraba de vacaciones en nuestro país, alguien le sugirió que enviará un currículum para que probara suerte y lo llamaron enseguida de dos colegios.
Sobre su experiencia, él asegura que si tuviera que ponerle una nota a su estadía en nuestro país, sería un 7.
Relata no haber recibido más que cariño, aceptación y respeto de todas las personas tanto adultas como jóvenes y especialmente de quienes han sido sus estudiantes y sus colegas durante estos años.
Incluso narra, a modo de anécdota, que en más de alguna ocasión se ha sentido favorecido. En cierta ocasión en el Registro Civil, la funcionaria de turno se notaba de muy mal carácter y atendía pésimamente a las personas, sin embargo, al ver que él era extranjero y provenía justamente del país que ella había visitado hacía poco, fue muy amable, tomándole la foto para su cédula de identidad en cinco ocasiones.
El profesor sólo tiene agradecimiento hacia la gente de este país, sin embargo, casi al final de la entrevista, recuerda que el primer director de colegio con el cual se entrevistó, le dijo “tanto chileno sin trabajo y tienen que contratar a un extranjero”. Él casi había olvidado el incidente, pues sumando y restando, se queda con lo bueno.





















