Autores: María Paz Aguirre, Alanis Fuentes, Joaquín Lillo, Valentina Sánchez, Scarlett Valenzuela
Colegio IDOP, diario El Idopiano
Como cada día de la semana, desde que los estudiantes recuerdan, Don Carlitos está desde las 7.30 am en el bazar del colegio, “salvando” a todo estudiante que ha olvidado traer los materiales solicitados por su profesor. Es como si el tiempo no pasara en su bazar .Desde que lo ven el primer día y piensan que el Viejo Pascuero vendía cartulinas y lápices a los niños, hasta hoy casi nueve años después. Pocas veces se han preguntado quién era o quién había sido don Carlos antes de ser el encargado del bazar de la escuela. Los rumores eran muchos, pero para conocerlo de verdad era necesario hablar con él.
Cuando le dijimos que queríamos entrevistarlo para conocer su vida nos dijo “Uhhhhh eso sí que será largo”, le faltó añadir y sorprendente.
Su bazar es un pequeño cuarto, con algunos estantes y mostradores, en los cuales, se pueden encontrar desde un alfiler hasta cuadernos, plasticina, recortes o hasta materiales reciclados (trozos de lana o conos de papel higiénico) . Está ubicado el primer edificio del colegio cerca de la oficina de la psicopedagoga, el comedor de los profesores y la sala de atención de apoderados.
A veces se ve algo desordenado, pues a sus años, tal vez ya no existe la fortaleza física para ordenar cada día todos los materiales que se van acumulando, pero cuando uno le pide algo, él siempre sabe en qué lugar se encuentra
Don Carlos señala : “Don Rafael (el fundador del colegio) me ofreció este trabajo para ayudarme después que jubile, por todo mi trabajo como apoderado del colegio y por nuestra amistad”
Una pregunta que todos se hacen en el colegio, pero que nadie se había atrevido a hacer, era la edad de don Carlos. Es la primera que se le hace, tal vez de manera algo brusca
¿Cuál es su nombre completo y cuál es su fecha de nacimiento?, le dice la encargada de hacer las preguntas, mientras los demás la miramos como diciendo, ¡Así no, como dijo la profe, como conversando!
Una vez pasado el momento, él nos dice, con un humor que se repetirá en más ocasiones. “Ah, ya empezamos con problemas”. Pero sin hacerse nos cuenta datos de su vida.
¿Quién es don Carlitos?
Don Carlos Morales Durán, nació en San Bernardo el 1 de agosto del año 1933, es decir, tiene 83 años. Su padre fue , don Miguel Morales , maestro panadero y su madre, la Sra. Aída Durán fue una dueña de casa. Tuvo sólo una hermana.
Estudió primero en un pequeño colegio de San Bernardo, para luego continuar sus estudios en el colegio nocturno de los Salesianos en la Alameda cuyo nombre no recuerda. Posteriormente, ingresó a la fuerza aérea y después pasó a empleado civil en la Dirección de Aeronáutica. Allí tenía a cargo la documentación OACI. Esta sigla se refiere a la Organización de Aviación Civil Internacional. Es una organización de las Naciones Unidas creada en 1944 para estudiar los problemas de la aviación civil internacional y promover los reglamentos y normas únicos en la aeronáutica mundial. La dirige un consejo permanente con sede en Montreal, Canadá.
De hecho esta labor, le permitió viajar a diferentes países. Estuvo en Canadá, Estados Unidos, Panamá y en Perú en dos ocasiones, compartiendo la experiencia adquirida con colegas de otros países.
A modo de anécdota nos cuenta “Estuve a punto de ir a Isla de Pascua con mi señora, pero ella le dio miedo el viaje porque sufre de presión alta así que me quedé con las ganas. Y qué problema iba a haber si en la isla no hay altura”.
Don Carlitos se casó a los 24 años y tuvo cinco hijos. Nos cuenta con picardía: “para ver a mi señora me tenía que arrancar en medio de un partido de fútbol, los dejaba ganando, iba a pololear, y cuando volvía estaban perdiendo y todos me decían, ¡para que te fuiste, por tu culpa perdimos!
Señala con orgullo las profesiones de sus hijos, pero su voz se entristece y sus ojos se ven brillantes cuando habla de su hijo menor, al mencionar que él es “su sacrificio”. Nos confidencia que tiene una enfermedad que lo hace dependiente de él a pesar de tener más de 30 años.
Hasta ahora su historia sorprende. A veces cuesta imaginar que las personas mayores, también han tenido una vida que puede estar llena de apasionantes historias.
Develaremos otra de las interrogantes que intriga al alumnado del colegio.
Desde cuándo está en el colegio IDOP y cómo llegó aquí
Parte señalando con orgullo que en tres ocasiones le correspondió ejercer el cargo de presidente del centro general de padres. De eso deducimos que llegó al colegio como apoderado. Sin embargo, lo confirmamos con él.
“En esa época, el centro de padres ayudaba mucho al colegio porque los recursos eran menos y todos nos teníamos que poner la camiseta. Se compraban artículos de aseo para apoyar con la limpieza con la infraestructura. Hicimos muchas cosas que quedaron en el colegio para uso de los chiquillos”
Se acuerda incluso de los nombres de algunos de los tantos apoderados que trabajaban codo a codo con él para sacar adelante sus proyectos.
“En ese tiempo estaba Zamorano, Bucarey, la Carmen Sudzuki,”, nos dice como recordando a viejos compañeros de aventuras que fueron parte de vivencias que a pesar de implicar mucho esfuerzo se añoran por los logros obtenidos.
“Hacíamos la kermese para reunir fondos. Ahí venían artistas conocidos, como Pachuco, el Zalo Reyes, Tommy Rey. Se llenaba, claro, porque en esa época se podía vender “copete” y la gente lo pasaba bien. Pero algunos apoderados no terminaban en buenas condiciones y don Rafael con el tiempo pensó que no era un buen ejemplo para los niños y conversó con nosotros para que ya no se vendiera alcohol. Ahí se vino abajo la kermese”.
“Don Rafael me decía, ahí están las llaves del colegio, cuando terminen, cierren todo. Eso era porque él vivía cerca del colegio y cuando se quedaba hasta el final insistía en ir a dejarnos a cada uno a la casa. Yo siempre era el último y ahí nos quedábamos conversando en el auto, tratando de arreglar el mundo”.
Don Carlitos no oculta la alegría que le provoca recordar esos tiempos, pues comparte con una sonrisa y mucha fluidez esos recuerdos y nosotros nos damos cuenta que están muy frescos en su memoria, como si hubiesen ocurrido hace muy poco tiempo.
Menciona repetidamente a Don Rafael, quien fundó el colegio junto a su esposa hace ya treinta y nueve años. El falleció en el año 2007 y la forma en que lo menciona nos deja claro que lo consideraba un buen amigo y que además lo admiraba.
“Don Rafael siempre trató de ayudarme, pues sabía que yo lo necesitaba y hablamos por harto tiempo sobre el proyecto del bazar. Él me prestó el dinero que necesitaba para empezar el negocio y yo le pague mensualmente hasta que se lo pagué todo”
¿Don Carlos, es verdad que usted fue Inspector en el colegio?
Si, un tiempo, mientras podía empezar el negocio, porque había que arreglar algunas cosas y don Rafael me dijo que por mientras podía ser inspector.
¿Y, como fue esa experiencia?
Fue buena. Me llevaba bien con los alumnos, porque yo tengo un dicho “respetar para que los respeten”
¿Le han dicho que se parece al Viejito Pascuero?
“Jajaja, muchas veces. De hecho he trabajado en la época de Navidad como Viejo Pascuero.
Un amigo una vez me dijo, oye no quieres trabajar como Viejo Pascuero, tienes la barba y el pelo blanco. Yo le dije, podría ser, pero me duele mucho la rodilla y él me dice, pero que importa si vas a estar sentado todo el rato y solo tienes que tomar un niñito en brazos y escuchar lo que te quiera decir. Así que le dije que bueno. Hasta ahora todavía trabajo con algunas personas en Navidad. Pero ya no puedo trabajar tantos días como antes porque igual es muy cansador.
Y en verdad se parece, no falta un pequeño de primero básico o kínder que llega a su casa muy agitado y le dice a su mamá: “El Viejito Pascuero atiende el bazar de mi colegio”. Eso nos consta.
Y finalmente no decidimos a hacer una pregunta que no sabemos cómo tomará.
Don Carlitos y ¿hasta cuándo piensa seguir trabajando?
“Ah yo sabía ¿por qué todos quieren saber lo mismo? Todos los años me preguntan si ya voy a dejar de trabajar. Yo tengo que trabajar porque mi familia depende de mí. La jubilación no alcanza.
A veces dan ganas de descansar, de no tener que levantarse en la mañana, pero hay que ayudar a la familia y en la casa siempre falta algo. Mi señora fue empleada del registro civil y también es jubilada como yo.
No, no se puede dejar de trabajar.
Conocer la vida de don Carlos, ha sido tremenda experiencia. Él es un personaje muy querido en nuestra comunidad. Creemos que es posible encontrar alumnos que no conozcan al director, pero todos conocen a don Carlitos.
A veces lo vemos caminar con paso lento por el colegio, o sentado en la puerta de su bazar, esperando a que algún niño necesite un material que “olvidó” traer. A veces, cuando el sol calienta agradablemente, parece que se queda dormido o tal vez sólo está recordando esos viejos tiempos cuando el colegio era más pequeño y él y sus grandes amigos trabajaban duramente para salir adelante.
No creemos que atender este pequeño bazar sea un súper negocio, más bien pensamos que a don Carlos le agrada levantarse cada día y, a pesar de que debería dedicar sus días a descansar luego de tantos años de trabajo, prefiere venir a su colegio, en el cual pasa más tiempo que en su casa, y solucionar los problemas de “olvido” de los niños. Seguramente lo hace sentirse vivo, útil e importante.
Queremos creer en nuestro corazón que por muchos años más, cuando un pequeño vaya a comprar un material al bazar, quede sorprendido, pero no diga nada, sólo porque no puede creer lo que ve. Pero cuando llegue a su casa, no podrá resistir decirle a su mamá lo que ha descubierto en su colegio. Se arma de valor. La mira con fuerza para que no piense que es una broma y le dice con mucha convicción: Mamá, el Viejito Pascuero atiende el bazar de mi colegio.





















