
Autoras: Nicol Armas y Yurimix Arroyo
Diario Las 116 Victorias, Colegio Victoria Prieto (Santiago centro)
Actualmente Chile ha recibido una fuerte influencia del mercado extranjero. Una de las más destacables por su rápida expansión ha sido al comercio oriental, específicamente las importaciones desde China. Este nuevo escenario se ha visto facilitado por los nuevos Tratados de Libre Comercio, los que se definen como un acuerdo en el que a los comerciantes extranjeros se les permite la libre propagación de servicios, capitales y bienes, en el que se establecen normativas que estos deben cumplir para el funcionamiento de sus negocios.
En cuanto a Chile, este posee variados Tratados de Libre Comercio con diferentes países, pero uno de los más importantes en el último tiempo ha sido el establecido con China. En el año 2002 el país oriental planteó a Chile comenzar un intercambio comercial, pero recién en enero del 2005 comenzaron las negociaciones entre ambos países. Desde ese entonces y hasta ahora estas relaciones comerciales se han dado de forma acelerada, lo que queda en evidencia en el notorio cambio de los productos en auge de ventas y el incremento del consumo de estos por parte de la población chilena. Esto ha actuado en beneficio al comercio nacional, especialmente a los pequeños empresarios, quienes han aumentado sus ventas con inversiones más reducidas debido al bajo costo de los productos orientales.
No obstante, otra arista de los efectos del Tratado de Libre Comercio con China ha sido la pérdida de identidad, puesto que hoy en día ya no existen empresas nacionales. En su mayoría están quedando los negocios de dueños extranjeros, o bien, de dueños locales pero que han decidido vender productos foráneos. En este sentido, los artículos chinos han arrasado con los artículos chilenos, es decir, cada vez disminuye más la producción de manufactura autóctona puesto que los artesanos y/o comerciantes han cesado su trabajo debido a los altos costos que este representaba, dada la elaboración de los artículos, la materia prima utilizada en los mismos y, ante todo, la plusvalía de la dedicación expresada en tiempo, paciencia y tradición.
Los aspectos positivos de las relaciones comerciales con China

Fuente: Diario Las 116 Victorias
El comercio chino ha beneficiado a gran parte de la población chilena; también ha ayudado a que hoy se compre y vendan los accesorios, maquillaje, calzado, vestuario, entre otros, a precios extremadamente módicos. Por tanto, entrega facilidades a los vendedores por sus valores económicos por mayor. Muchos microempresarios han podido surgir debido a los bajos costos en adquisición. Según una joven colombiana llamada Julie Guillen, quien trabaja en una tienda china del Barrio Meiggs, la producción oriental “es más eficiente y económica, además de ser satisfactoria y beneficiosa en general para ambas partes ya que (…) ellos [los comerciantes] ganan casi un 80% y el mercado chileno está en temporada de auge”.
Del mismo modo, es destacable la opinión de Julie en cuanto a las ganancias que los comerciantes chinos obtienen a partir del cambio de moneda (del yen al peso). De acuerdo con ella “el comercio en Chile les trae mayores ganancias”. Un aspecto importante de destacar, y muy notorio en los chinos, es que solo aprenden lo necesario como los precios, por ende, requieren de la contrata de personal chileno o extranjero (en su mayoría colombiano), quienes dominan el idioma español, el que los ayuda en las ventas. Esto pues en general la clientela es latina y maneja solo el idioma mencionado. Este hecho da cuenta de otro aspecto positivo: el comercio oriental genera nuevos espacios de empleo, transformándose en un aliciente para acabar con los índices de cesantía.
¿Y qué sucede con el producto nacional?
Jessica González, dueña de una tienda de manufactura chilena ubicada en Estación Central, opina que “la mano de obra chilena se está acabando, y cada vez es más cara versus lo que llega del extranjero que es muy barato”. A pesar de ello, ella manifiesta que no cree que el comercio chino acabe por completo con el nacional, puesto que el primero “no satisface las necesidades, satisface más el bolsillo, porque al ser más económico a la gente le gusta la economía, pero en duración no los satisface”. En gran parte ella relata que le ha perjudicado la difícil competencia aunque “la gente que sabe de calidad siempre busca lo nacional”. No obstante, la opinión de la señora Jessica González contrasta con la de Miguel Crisoto, dueño de un local en la calle Salvador Sanfuentes, quien se dedica a vender artículos chinos como juguetes, peluches, entre otros. De acuerdo con él “la calidad -del producto chino- es buena y casi idéntica a la nacional y la gente prefiere el producto extranjero por eso mismo”.
En conclusión, los puntos de vista respecto al comercio y al auge chino son diferentes, sin embargo lo más repetido es que la llegada de este nuevo mercado ha abierto nuevas posibilidades y nuevas competencias. De acuerdo con ello, el comercio oriental ha hecho desaparecer la producción nacional, aunque esto no ha significado un desmedro en las ganancias locales. De hecho, los comerciantes nacionales se han visto favorecidos debido a los bajos precios de los artículos extranjeros e incluso argumentan a favor de su precio y calidad.




















