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Ismenia Seguel, más conocida como “Señora Lupe”, relata el esfuerzo y sacrificio que conlleva mantener un negocio que “cuando hay miel, llegan las abejas y cuando no hay, no llega nadie”.

Autores: Nicolás Soto y Felipe Silva

Diario El Cordón de Chacabuco,  Colegio Montessori Pucalán

Sentados en un sencillo, pero acogedor sillón ubicado en una parte exclusiva del local, conversamos con Ismenia Guadalupe Seguel Tapia, más conocida por todos como  “Señora Lupe”, dueña de la verdulería “La Huerta de Lupita”, ubicada en el sector de Liray, comuna de Colina.

Ismenia Guadalupe, es su verdadero nombre, el que confiesa nunca haberle gustado. Desde niña recuerda haber recibido el apodo de “Lupe”,  por parte de sus padres y hermanos. Muchos de sus clientes la llaman “Lupita”, lo que le agrada aún más.

Con cierta dificultad y acompañada de algunas risas nerviosas nos confiesa tener 56 años de edad.  Nació en la ciudad de Los Ángeles,  VIII Región, lugar al que no suele ir. La Señora Lupe ó Lupita, está casada con “Don Pancho”, como todos le suelen decir, a quien lo conoció en Colina, llevan 38 años casados y tienen 3 hijas, Francisca la mayor de 34 años, Alejandra de 27 y Valentina, quién muy pronto cumplirá 18 años. Además de sus hijas, tiene 4 nietos. Tres hijos son de Francisca y uno de Alejandra, quienes viven en Chiloé, en la ciudad de Castro. A Chiloé viajan mucho a visitar a sus hijas y nietos. Cada vez se les hace más corto el viaje. Dice que prácticamente “no lo sienten”.

La Señora Lupe (o Lupita) vive actualmente en el centro de Colina, con su esposo, “Don Pancho” y su hija Valentina, lugar donde no le gusta ni acomoda vivir, y al que sólo por motivos de fuerza mayor tuvieron que irse con la familia. Anteriormente, vivían en un sitio grande en un sector rural de esta misma comuna, lugar que extraña todos los días, según nos reveló.

Se define a sí misma como una persona “trabajólica” y de “carácter”, ya que le gusta que las cosas se hagan bien, y a la primera. Además que esté todo limpio y en su lugar.

En un comienzo en su local sólo se vendían frutas y verduras, y en virtud de la solicitud que le hicieron muchos de sus clientes es que lo han ido ampliando en materia de infraestructura. En su negocio  hoy es posible encontrar también pan caliente, kuchenes y galletas caseras, fiambres, lácteos y productos de almacén. En la parte trasera de la verdulería construyeron con su marido, un lugar donde los clientes pueden pasar a almorzar. También venden colaciones para llevar, especialmente los días sábados, para quienes no desean cocinar. El domingo, es el único día que no se vende colación ni ofrece almuerzos.

Gracias a los letreros con que cuenta este local, entre ellos unos banderines de colores, ya  desteñidos por los años y el sol, uno se puede percatar rápidamente de esta verdulería al entrar por la calle principal del sector de Liray.

La “Huerta de Lupita” es una especie de galpón, el cual tiene un techo de zinc. Al ingresar uno puede ver las flores que decoran la entrada del lugar. En el sector de los estacionamientos, hay una enorme Higuera, cuyos frutos la mayoría de las veces son arrancados por los clientes, y en el verano sirve de cobijo para los autos. Numerosas veces han tratado de delimitar marcando los estacionamientos, pero la gente, según nos cuenta, termina siempre estacionando sus autos donde quieren.

“Anita”, fiel trabajadora de la Señora Lupe nos tienta y ofrece unos ricos panes calientes, recién salidos del horno, antes de comenzar con nuestra entrevista. Nos saludamos de abrazo con todos quienes se encontraban a esa hora allí en la verdulería, Anita y don Francisco (padre de Javier, pololo fallecido de su hija Alejandra), es quién se encarga de ir al banco, y de repartir las frutas y verduras a domicilio en auto.

Finalmente, y con algún atisbo de vergüenza por parte de nuestra entrevistada, logramos convencerla y entrar a la parte trasera de la verdulería para conocerla con mayor profundidad. En este lugar, al que sólo accede la familia de la Señora Lupe y personas de confianza, se encuentra una gran cocina de esas antiguas, y de color blanco, como también un comedor y un televisor encendido. Una vez ya más en confianza, se apaga el televisor, nos ponemos cómodos y las preguntas y respuestas no tardan en comenzar a fluir.

¿Cuándo y cómo partió la idea de abrir este negocio?

Bueno, yo me vine del sur a vivir aquí a Santiago. Mis papás me mandaron para que terminara mis estudios, sacar mi cuarto medio. Lamentablemente, sólo llegué hasta tercero medio… las cosas no se dieron como yo quería, llegué a vivir con un hermano y no me gustó. Como no pude terminar mis estudios,  me surgió la idea de trabajar, de hacer algo. Conocí a Pancho, después tuve a mis hijas, pero mientras las niñas estaban bien chicas yo  le decía todos los días al Pancho que quería hacer este negocio, y me hizo caso. Encontramos este lugar, nos gustó y nos instalamos.

¿Cómo surgió el nombre de su local?

Mi hija Valentina, la más chica, se lo puso. Estábamos un día en mi casa pensando que nombre ponerle a la verdulería, y ahí fue cuando a la Valentina se le ocurrió el nombre de “La Huerta de Lupita” y nos gustó.

¿A qué hora comienza su día y a qué hora lo termina?

Depende po’ (sic), a veces a las 5:30 am o a las 6:00 am. Ahora después que el peruano que me hacía el pan, se enfermó, tengo que yo hacer el pan. Yo cierro aquí como a las 19:00 hrs. los sábados y los días de semana, porque los domingo cierro a las 16:00. Estoy todo el día trabajando, no paro.

¿Cuales fueron sus dificultades al partir con este negocio? ¿Y cuáles eran sus expectativas?  

Pensé al principio en una verdulería, solo que la gente de a poco comenzó a pedirme más y más cosas… ellos mismos fueron los que me ayudaron a meterme a vender mucho más cosas, como bebidas, huevos, pan, etc.  de todo un poco, como un almacén.

¿Cuándo fueron los momentos más difíciles?

Cuando se murió el Javier, el pololo de mi hija, ahí  no quería venir a trabajar… mi negocio se vino abajo, y me costó levantarlo otra vez. Pancho se enfermó y así no podíamos ir a comprar las frutas y verduras. Honestamente, fue el momento más difícil, no quería nada con el negocio, pero desde ahí empezaron más problemas, y más problemas con la plata, incluso cuando mandábamos a alguien a comprar,  no faltaba el sinvergüenza que llegaba y nos robaba todo. Lo único que quería era mandar todo a la… Todo esto sucedió hace 7 años. Llegaba la gente y preguntaba “¿qué te pasa Lupe?” ya que veían el local vacío.

El Javier murió de un ataque al corazón y mi único gran apoyo fueron mis hijas y Pancho, porque siempre, en todo momento me daban ánimo. El único tema es que nadie más me apoyaba, si ven que va todo mal, se alejan. Mi panadero peruano “Veno”, me decía, “jefa, cuando hay miel, llegan las abejas, cuando no hay, no llega nadie”. Él incluso me acompañaba a comprar y me decía muchos dichos. Ahora se enfermó y lo echo más de menos.

¿Hasta qué edad piensa trabajar?

Me imagino hasta viejita trabajando, como hasta los 70 años. Es que a mí me gusta trabajar, pero no sé si seguiría acá en Colina. Bueno es más, yo como en 2 ó 3 años más quiero ir a vivir pa’ Castro. Allí viven mis dos hijas mayores. Tenemos un terreno y me gustaría construirnos una casa y vivir allá.  Es que me siento como muy encarcelada a mi trabajo, ya que a pesar de que me gusta trabajar, igual uno llega a un punto donde se cansa.

¿Es usted religiosa?

Soy católica, pero no fanática. Yo no soy de esas que viven en la iglesia.

¿Ha notado cambios en la comuna, durante el tiempo que ha estado acá?

De cuando yo llegué muchos… era muy diferente, no había mucha gente, todo el mundo se conocía, uno ahora va a Colina y no conoces a nadie, y sobre todo esos molestos tacos que ya no se puede ni andar con tanta gente.

¿Qué opina de los inmigrantes?

Miren, yo tengo un haitiano aquí trabajando, me ayuda a hacer el pan. Yo lo hago, pero él me ayuda a sacarlo. Se llama “Shavi”, solo que tiene un mal genio, es como llevado a sus ideas. Un día llegó otro haitiano a comprar, pero fue terrible…

¿Tiene otro trabajo, además de la verdulería?

Además de vender frutas y verduras, nosotros aquí vendemos platos caseros ya preparados. Los platos son por ejemplo Puré con plateada o con cerdo, arroz con costillar, también vienen con una ensalada chilena y un postre. Me gusta más vender almuerzos que vender en la verdulería, porque en la mañana hago los almuerzos y quedo lista.

¿Cuánta gente viene acá a almorzar?

Depende, puede ser entre 50 ó 60, mayormente gente que pasa, que viene una vez para luego venir con la familia. He hecho siempre las mismas comidas, desde que comencé. Antes me ayudaba mucho el Javier con mi hija. Después que falleció su pololo se fue a vivir a Chiloé y nunca más ha vuelto. Nosotros la vamos a ver.

¿Le ha dificultado la “competencia” de verdulerías en Colina?

No me preocupo mucho de eso, un día puede estar bueno o malo, como todo negocio. La gente busca lo más barato, hay gente que ya se cambió de verduleria. Pero bueno, hay que seguir en lo suyo.

¿De dónde provienen las verduras?

Pancho va a comprar, casi siempre a La Vega o a Lo Valledor. Se levanta como a las 2 de la mañana. Esto lo hace día por medio, pero cuando recién empezamos iba todos los días, en los tiempos donde se ganaba mucho más que ahora, pero cuando no va a comprar, se hace una diálisis. Cuando Pancho no está, yo debo ir, claro que con alguien más para que me ayude.

¿La gente es amigable con usted?

Sí por supuesto. Yo nunca he tenido problemas con los clientes, a excepción de cuando la gente no paga cuando debe o se va sin pagar. También hay clientes míos que se han ido pa’ otros lados a comprar. Pero bueno, se los dejo en su conciencia, qué le voy a hacer.

¿Cuál de sus empleados es el que lleva más tiempo?

La “Anita” y mi cuñada, la Carmen. Ellas son de las que más años han estado aquí trabajando, ya que la Ana María ha estado como 6 ó 7 años y mi cuñada tambien. Bueno también el Francisco que ha estado desde el principio.

¿Cómo lo hace para conservar a sus empleados?

Yo soy media pesa´, un poco mecha corta. Aguanto, aguanto pero llega un punto en el que pierdo la paciencia. Me pasa mucho con la gente, cuando no hacen bien las cosas, o si veo el local cochino, me enferma. Aunque siempre trato de ser amable con mis empleados, pero soy un poco mecha corta. Pero no me puedo quejar he tenido buenos empleados. El Juanito era uno de ellos, pero era bueno para la bebida y el Gato, que ahora trabaja en otra verdulería, esa que está allá frente. El dueño trabajó acá conmigo.

¿Y para cuando se vaya a Castro, a que se quiere dedicar?

Primero, a algo que no me sienta tan esclavizada como aquí en la verdulería. Todavía no estoy tan segura eso sí, pero me gustaría irme, después que la Vale estudie una carrera. Ahora no quiere dar la PSU porque dice que no está preparada. No sé pienso que me gustaría tener como una tiendita o algo por ese estilo. Algo que no me ocupe todo el tiempo del día, porque aquí en la verdulería trabajo todos los días y no paro. Hay que dedicarle un poco a la familia.  

                                                                                                          

 

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