Un cambio de ciudad histórica a capital regional

Un cambio de ciudad histórica a capital regional

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Chillán cumplió 438 años desde su fundación. Con el paso del tiempo esta ciudad no solo ha sido un referente histórico, sino un lugar que alberga costumbres, tradiciones, emprendimientos y complejidades de distintos tipos.

Al ser la nueva capital regional no solo habrá cambios político- administrativos que de uno u otro modo harán de esta capital una ciudad más centralizada, sino que se sumarán otros factores tales como la progresiva construcción de viviendas o expansión habitacional en sectores periféricos, la planificación de la ciudad; la calidad del transporte público, el aumento del parque automotriz; la contaminación del medio ambiente y la cobertura de la salud.

Por lo tanto, ¿Chillán está preparada para ser capital de la región de Ñuble?

En septiembre de 2017, fue publicada en el Diario Oficial la Ley N° 21.033, que crea la XVI región de Ñuble y las provincias de Diguillín, Punilla e Itata, dejando como capital a Chillán, ya que posee mayores índices en cuanto a población e instituciones fundamentales.

Hoy en día Chillán enfrenta un reto: la ciudad crece y las necesidades aumentan. Según expone la página web de la Biblioteca Nacional del Congreso, en la nueva región la capital reuniría a un 38,8% de la población de Ñuble y dentro de los aspectos a considerar para la creación de este nuevo territorio está la participación en la elección municipal de 2016, que reveló mayor participación respecto al país, en particular en la provincia de Itata, y la infraestructura sanitaria existente, la que se modificará cuando entre en vigencia la nueva región político-administrativa.

En distintos puntos de las afueras de la ciudad se construyen viviendas que significan una solución para muchas personas, sin embargo las calles de acceso no están en las mejores condiciones y los microbuses la mayor parte de las veces no abarcan esos sectores. Por otra parte, el servicio de salud no alcanza a cubrir la totalidad de la población y, lamentablemente, los presupuestos para las comunas más rurales no han sido, aparentemente, coherentes con la cantidad de habitantes que poseen.

Más de 400 años de historia implican preocuparse por el deterioro urbano y tratar de mejorarlo a la vez que los sectores más rurales (Bulnes, San Nicolás, San Fabián de Alico, El Carmen, por ejemplo) requieren mayor urbanización, oferta académica y conectividad, lo cual conducirá, sin duda a una mayor movilidad social.

Para responder si Chillán está o no preparada para ser la capital regional de Ñuble, primero se debe tener una clara visión del Chillán de hoy, con sus fortalezas y debilidades; lo segundo es concretarla, considerando todos los factores que la llevarán al desarrollo que necesita. Si bien hoy se está un tanto alejado de ese enfoque, cuando finalmente se dé, esta nueva capital ya no será tan solo un espacio físico conocido por una catedral, por iglesias de más de 200 años, un mercado, embutidos, greda y telares.

No se tratará de la ciudad envejecida vinculada a Bernardo O’Higgins, a Violeta Parra o a Marta Colvin, sino una realidad que ofrecerá posibilidades de desarrollo, emprendimiento, progreso y protección medioambiental. En definitiva, una ciudad cuya identidad haya evolucionado para todos, tanto para quienes la dirigen como para quienes la habitan.

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