Y se hizo la luz con la central hidroeléctrica Llollelhue

Y se hizo la luz con la central hidroeléctrica Llollelhue

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La Turbina, es una de las primeras centrales de bajo impacto ambiental del país, fue creada el año 1909 en La Unión, por la familia Grob, quienes vieron la necesidad de energizar su molino, debido a la alta demanda de harina.

Autor: Alonso Llancafil

Mariquina se Plantea, Liceo Mater Populi Dei (Mariquina)

Una de las más antiguas centrales hidroeléctricas de Chile se emplaza en la ciudad de La Unión, conocida como la central Llollelhue, esta central aporta su pequeño grano eléctrico a la industria de la harina nacional.

Poco se sabe del pasado que tuvo alguna vez la ciudad de La Unión, la cual en sus tiempos de esplendor empresarial llegó a ser el foco industrial de la Región de los Lagos. En su interior se esconden un sinnúmero de tesoros humanos y arquitectónicos, siendo la central hidroeléctrica Llollelhue, insignia de su desarrollo económico. Actualmente esta central aún se encuentra operativa y brindando electricidad al molino que desde sus inicios la vio nacer.

La Turbina como es conocida por sus habitantes, se encuentra emplazada a orillas del río Llollelhue, del cual toma su nombre. Para los unioninos es un símbolo de orgullo, porque refleja la personalidad de sus habitantes, la de los colonos de antaño, quienes a través del trabajo asociativo y el liderazgo de una familia de alemanes, levantaron una de las primeras centrales de bajo impacto ambiental hace más de 100 años.

La Unión en su pasado fue centro de desarrollo regional empresarial, llegando a tener un sinnúmero de empresas asociativas y cooperativas, como lo fueron el molino TG, la curtiembre, Linos La Unión o cervecerías. Todas ellas generadas por colonos, pero la única que resiste los embates del tiempo y el olvido, es la turbina, que actualmente se encuentra en manos de la familia Kunstmann de Valdivia.

Un poco de historia

La turbina fue creada el año 1909, por la familia Grob, quienes vieron la necesidad de energizar su molino, debido a la alta demanda de harina. “A través de sus contactos en el extranjero, compraron las piezas a la empresa Siemens, llegando a Chile al puerto de Corral en Valdivia. Estas piezas fueron trasladadas durante dos semanas a La Unión a través del trabajo de 17 yuntas de bueyes”, según relata al diario Mariquina se Plantea el guía patrimonial, Iván Ríos Triviño.

“Estas piezas fueron armadas al costado del río Llollelhue de La Unión, desviando su caudal a través de un codo natural, con lo cual se aprovecha la velocidad lograda con las caídas de agua para hacer rodar la turbina Francis. Es una de las primeras hidroeléctricas no invasiva, ya que no necesita de un embalse de alto impacto para funcionar, por lo cual no destruye ecosistemas, creando un hito en la historia de Chile para su época, ya que el agua empleada en los molinos retorna libremente al caudal natural”, agrega Iván Ríos.

Conocer para valorar es la consigna

La turbina en sus inicios producía electricidad para el molino y para toda la ciudad, la cual contaba con una población menos numerosa a la de ahora, unos 2 mil habitantes, quienes vieron en esta proeza, un sello del trabajo cooperativo que ha seguido marcando a la ciudad hasta el día de hoy, a pesar que existe un desconocimiento de su historia y aún no se clasifica como patrimonio industrial de la ciudad.

Según Rodolfo Pérez Ríos, que vive hace 30 años en este lugar, “la turbina no es conocida ni se le da la importancia que realmente posee, siendo muy triste, ya que es una de las construcciones arquitectónicas más revolucionarias”. Además comenta que es “necesario poder hablar, valorar y hacer más conocida esta central, para que sea querida y cuidada por los unioninos, ya que si se mira desde un punto de vista histórico, marcó un antes y un después en la vida de un pueblo” agrega el habitante de La Unión.

La central hidroeléctrica fue un adelanto para su época, siendo moderna y antigua al mismo tiempo, acorde a la sustentabilidad y al pensamiento ecológico que se está tratando de insertar en la sociedad hoy en día, incluyendo en su diseño una escalinata que facilita el desove de los peces en el río. Pese a todos estos adelantos para su tiempo, la turbina aún permanece entre sombras y se desconoce su valor histórico industrial, a lo que se suma que se ha mantenido firme en dos terremotos, los de 1960 y de 2010. Esto hace que, a sus casi 100 años, sea un eco del pasado que retumba con fuerza en los planes de los unioninos hoy en día, que luchan por no olvidar su pasado.

“La turbina debe ser dada a conocer como símbolo del trabajo colaborativo que existió en la ciudad. Es clave entender la turbina como vestigio del pasado comunitario, el presente emprendedor y el futuro prometedor de La Unión”, declara con firmeza Iván Ríos, quien ha dedicado sus energías en dar a conocer los patrimonios aún existentes en la zona.

 

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