Las ranas de Mehuín evitan saltar hacia la extinción

Las ranas de Mehuín evitan saltar hacia la extinción

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En Villa Nahuel, intentan preservar y proteger dos especies de anfibios que viven en la zona costera de la Región de los Ríos, de los embates de la deforestación y del cambio de hábitat que las amenaza.

Autor: Amaro Araya

Mariquina se plantea, Liceo Mater Populi Dei (Mariquina)

En los espesores de la selva costera Valdiviana, entre musgos y corrientes de agua virgen, viven dos de las especies más vulnerables de la fauna nacional, la rana verde de Mehuín y la rana de Hojarasca de Mehuín.

Dos variedades que se pueden encontrar en la Región de Los Lagos y específicamente en la cordillera de Mahuidanche, como es conocida entre los lafquenches, una zona que abarca los sectores de Queule, Chan chan, Llancahue, Maiquillahue, Colegual Alto, El Lingue y Mehuín. Es en el camino de este último sector donde se encuentra Villa Nahuel, antigua comunidad lafquenche, quienes con orgullo preservan y protegen a estos anfibios, de los embates de la deforestación y del cambio de hábitat que las amenaza desde hace unos años.

“Estas dos especies de ranitas son únicas en el mundo, solo habitan en este sector, lo que hace que este ambiente también sea único al igual que la gente que vive en él”, relató al diario Mariquina se Plantea, Javier Nahuelpan, dirigente y habitante de la comunidad.

La rana verde de Mehuín (Insuetophrynus acarpicus) y la rana de hojarasca de Mehuín (Eupsophus migueli), representan en sí mismas un tesoro para Chile y el mundo, al igual que los pueblos originarios que las cuidan. Javier lo explica mediante una analogía entre los anfibios y el pueblo mapuche lafquenche, ya que ambos se encuentran amenazados con el “progreso” al igual que sus costumbres y tradiciones. Por esto hay un vínculo especial con los animales y tratan de protegerlos, o de dañar en la menor forma posible su hábitat.

Por lo mismo han diseñado senderos, y han cercado sus arroyos para mantener alejados a los animales de crianza y a los humanos. Con esto buscan mitigar el impacto de la vida humana en los anfibios. Además, actualmente se encuentran en alianza internacional con la ORG Zero extinción, quienes han contribuido a la comunidad con señalética explicativa para los turistas, las cuales aportan un servicio educativo e informativo para los dirigentes de la comunidad.

En estado crítico

Hace diez años aproximadamente, durante un proceso de observación de aves en la sede de biología marina de la Universidad Austral de Chile (UACh), en la caleta de Mehuín, se realizaron peritajes en un riachuelo, donde se lograron ver los primeros ejemplares. En forma posterior se logró identificar en diversos sectores de la selva valdiviana, pero siempre en pocos ejemplares, por lo cual el estado de ambas fue crítico, al borde del peligro de extinción.

“Estas especies se desarrollan en zonas predominantes de helechos y un clima templado, lluvioso, que permite a las ranas permanecer en un ambiente frío, lo que es fundamental para ellas ya que no aguantan el calor. Además, tienen la particularidad que viven en pequeños espacios, lo que hace aún mayor el riesgo y el peligro por su escasa población”, explica José Nuñez, académico del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas, de la UACh.

La rana verde de Mehuín habita en los esteros de los cerros de la costa, haciendo sus casas bajo las piedras laja de los esteros, es una especie mayormente acuática, por lo que las sequías y los sedimentos de tierra y/o piedras impactan directamente en su supervivencia. Por su parte, la rana de hojarasca de Mehuín, habita cerca de los arroyos, siendo una especie semiacuática, y le afecta principalmente la destrucción humana, los sedimentos de tierra o elementos rocosos y aluviones.

Así mismo las plantaciones forestales son uno de los mayores riesgos que enfrentan estos anfibios, ya que secan los cursos fluviales de las aguas, o al cosechar sus pinos y eucaliptos mueven el terreno que posteriormente va aposándose en las corrientes de agua, matando todo lo que vive en su fondo y junto a él.

Javier Nahuelpan, cuenta que “se ven muchos cambios en la naturaleza por culpa de la acción humana hoy, tal como lo que está ocurriendo en el Amazonas, miles de especies se encuentran en peligro, tanto de flora como de fauna, con el único fin de aumentar los ingresos económicos. Para los mapuches esto no es una opción, ellos luchan para que sus tierras no reciban mayores cambios, ni se vean perjudicados los animales, se trata de vivir en total armonía con todo lo que nos rodea”, agrega.

Una luz de esperanza

En villa Nahuel han habilitado un sendero de protección de estos anfibios, dejando las caídas de agua cercadas para prevenir el paso de humanos y animales que puedan afectar al ambiente donde están las ranas. Se busca a través de estos senderos educar a los visitantes sobre la importancia de estos seres y resguardar el ciclo de vida que poseen.

José Nuñez, comenta que “la reproducción de cada tipo de rana es muy diferente y particular, por lo que se recomienda no molestarlas, cercar los arroyos para que animales grandes no interrumpan y causar el menor impacto en su hábitat”. Esto es de suma importancia para su conservación, ya que se espera no llegar a lo que ocurrió con la ranita del río Loa.

Los especialistas coinciden que estas ranas significan un patrimonio natural único en el país, el que debe ser protegido, y dado a conocer para su cuidado. Acciones que deben ir de la mano del respeto a los pueblos que habitan en estas zonas, porque son ellos los que, con sabiduría ancestral, continúan protegiendo y preservando a estos anfibios, para todas las futuras generaciones.

 

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