Por Sofía Gaete
Colegio Concepción de Talca
La pandemia nos ha marcado, dejando una huella innegable en cada uno de nosotros, seamos capaces de darnos cuenta o no. Hemos reído y llorado dentro de cuatro paredes, las mismas durante más de un año; pero sobre todo hemos sufrido y el gran resultado es crecer.
El área educacional ha sido sin duda afectada, tanto que la esencia misma de un sistema al que estábamos habituados ha cambiado. Y vaya que ha costado, siendo una odisea el desarrollo de clases virtuales, de plataforma en plataforma, mientras los profes aprenden y se adaptan, tratando de no sucumbir en el intento; un esfuerzo digno de reconocer y agradecer. Entonces, ¿Qué falta?
En un comienzo, era un sistema extraño, nuevo y de cierta forma divertido; así que había cámaras encendidas, participación y algunas veces, hasta se sentía un ambiente similar al de una clase sin mascarillas. Pero el tiempo avanzó implacable, así como la propagación del virus. El humano es un ser social dijo Aristóteles, y a consecuencia de estar mucho tiempo confinados, casi todos decaemos. Estrés, agotamiento, ansiedad e incertidumbre por demasiado tiempo, sumado a que el efecto de las clases no ha sido el deseado.
Cámaras apagadas. Micrófonos silenciados. Los profes hablando solo con letras (haciendo referencia a los íconos que representan a los estudiantes en videollamada), llamando y, en efecto, la ausencia de respuesta fue como muchos decían “una sesión espiritista”. Nos hemos habituado al sistema virtual y entendemos la mecánica del proceso, pero no estamos cómodos, lamentablemente se ha perdido la convivencia y espontaneidad de una clase; aspectos que parecen ser ahora insustituibles, tanto en nuestro desarrollo socioemocional, como en nuestro aprendizaje académico.
Los datos del Diagnóstico Integral de Aprendizaje (DIA) 2020 indicaron que desde 6° básico los resultados son deficientes. La gran mayoría de los alumnos manifestaron alto entusiasmo por el retorno a la presencialidad, y a partir de 8° básico la principal razón fue: “aprender lo que me enseñan en clases”.
Cuando nos vemos en un escenario tan adverso como es este, se pierde voluntad, cuesta levantarse en las mañanas como también conciliar el sueño en la noche. Buscamos despejarnos y conectar con lo que tenemos al alcance, ya sea música, dibujo, subir de liga en el videojuego LOL (League Of Legends) o estar al día con el anime One Piece y compartirlo en las redes para sentirnos parte de algo. Es con lo que sobrevivimos, pero que en un punto dejó de bastar. Porque el día a día en el colegio es elemental, por eso toda la tecnología de la que dispusimos no fue suficiente para afrontar el encierro.





















