La huella alimenticia que dejó el covid-19 en los estudiantes de Antofagasta

La huella alimenticia que dejó el covid-19 en los estudiantes de Antofagasta

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Las cuarentenas generaron en los preadolescentes un impacto que vinculó la mala alimentación con estados de ánimos inestables. Además, la falta de actividades al aire libre con amigos y familia también ocasionó estragos en la salud mental de la población nortina.

Por Daniela Villalobos, Bruno Alarcón y Yerimen Segura

Escuela República de EE.UU. de Antofagasta

En marzo de 2020, se comunica en Chile el primer caso positivo de covid-19. Dos meses después, la capital de la región de Antofagasta, comenzó a vivir una de las cuarentenas más extensas del país. Desde las 10 de la noche del martes 5 de mayo de 2020 se decretó cuarentena total para la ciudad. Un comienzo sin retorno.

Esta nueva realidad impactó en la vida de todos y también de los preadolescentes. La restricción del uso de espacios públicos, el temor de sus padres y madres a un contagio, las altas cifras de fallecidos, la imposibilidad de asistir regularmente a clases, el no poder reunirse con sus pares y la incertidumbre de lo que podría ocurrir en el mañana generó interrogantes, una de ellas fue ¿Cómo sobrellevar esta situación?

La respuesta llegó a las pocas semanas, de la mano de un fenómeno generado por los extensos periodos de encierro: el aumento en las ventas a través del servicio de delivery, en especial los locales de comida rápida. Se estima que en 2020 el alza fue de 69,7% respecto a 2019, según estadísticas de la Cámara Nacional de Comercio (CNC).

Un claro ejemplo de ello es “El Padrino Norte”. Ubicado en la calle Florida, vía estratégica por su fácil acceso desde la costanera, y un local que se vio favorecido por los prolongados encierros. Además, se destaca por la denominación de sus sándwiches, todos con referencia a la película de Francis Ford Coppola, por ejemplo: Hamburguesa El Padrino, Corleone mediana, Corleone grande, churrascos Corleone, chorrillana Corleone y la pizza Corleone; todos nombres que se hicieron habituales en los repartos de aplicaciones de delivery junto a reconocidas empresas internacionales, como Papa John’s, McDonald’s o Kentucky Fried Chicken.

Las estadísticas evidencian que los días con mayor consumo y solicitudes de comida chatarra fueron el sábado, seguido del viernes y domingo. Días que, en una situación normal, se destinaban para salir a parques o playas como Juan López, El Balneario Municipal, playa Amarilla, La Paraíso o El Trocadero. Tiempo que también se ocupaba para paseos familiares, jugar con los amigos y amigas o realizar actividades al aire libre. La pandemia cambió eso por el consumo de comida. El punto es ¡qué tipo de comida!

Calidad nutricional de los alimentos

“La alimentación en situaciones donde se experimentan cambios bruscos en la rutina diaria, debe orientarse no en comer menos o más, sino, que se debe considerar la calidad nutricional de los alimentos”, expresa la nutricionista del Hospital Regional de Antofagasta, Melissa Alvarado.

La profesional explica que “idealmente debemos tener una alimentación más saludable, no tantos alimentos ultra procesados, sino preferir más frutas, verduras, lácteos descremados, evitar frituras, alimentos altos en azúcares, sodio, calorías y grasas”, agrega.

En establecimientos educacionales

En la Escuela D-73 República de Los Estados Unidos de Norteamérica. Uno de los focos de atención se dirigió a la situación socioemocional de los estudiantes y en paralelo, se preocupaban de la entrega de las canastas alimentos, buscando siempre un equilibrio en la nutrición de los niños del establecimiento y sus familias.

Daisuke Cuadros, estudiante de 8° básico, explicó que si bien tenía una dieta variada que incluía a veces verduras “no faltó la chatarra entre más cosas”. Asimismo, agrega que la comida le ayudó en parte a sobrellevar la pandemia, “hubo una parte del tiempo que me ayudaba emocionalmente con la comida, no sé si comía tal cosa porque me sentía mal”.

Alexander Torres, del mismo curso, describe su dieta como “algo saludable, aunque a veces no”. Su compañera Francisca Fuentes relata que hoy puede decir que su alimentación está mal balanceada y no es la que necesita a su edad. En tanto, para Valentina Moreira, otra estudiante de enseñanza básica, si bien siguió una rutina con el desayuno, almuerzo y cena, afirma que “a veces comía chatarra, frutas y agua”.

Salud mental en pandemia

Al vínculo entre la pandemia y la alimentación se agrega el de las sensaciones y las emociones. Daisuke Cuadros, un estudiante, dice que la sensación de estar alejado de sus amigos lo ha hecho sentir extraño, puesto que acostumbraba a salir con ellos, “durante las cuarentenas me sentí muy aburrido y solo”. A ello se unió el sedentarismo, ya que para resistir los largos períodos de aislamiento buscó diferentes formas de distraerse en casa, a través de videojuegos o videollamadas con los amigos.

En el caso de Alexander Torres, un joven antofagastino, reconoce que se siente complicado, “en cierto modo, me afectó todo esto de las cuarentenas”. Sobre cómo se las arregló para superar el encierro expresa que “literalmente mirar como pasaban las horas mientras escuchaba música, además de los videojuegos, leer, ayudar en la casa y pensar en cosas de la vida”. Concluye que hoy “soy menos sociable y más solitario”.

Para Francisca Fuentes, alumna de enseñanza básica, el tema del aislamiento social le provocó una sensación inexplicable, “yo creo que me he vuelto muy antisocial. De hecho, mi modo de pasar las cuarentenas fue dormir y destinar mucho tiempo al celular como distracción”. Por su parte, Valentina Moreira, el encierro se transformó en una monotonía, para resistirla indica que “escuchaba música y tocaba la guitarra”.

Sobre cómo recuperar el modo de vida alimenticio y emocional que se perdió en las prolongadas cuarentenas en Antofagasta. La nutricionista, Melissa Alvarado, dice que puede tomar desde tres meses o más, recuperar los hábitos previos a las restricciones. “Todo va a depender de la motivación de cada persona y familia. Las ganas de querer mejorar sus hábitos para tener un mejor estado nutricional y estilo de vida saludable. Al comienzo cuesta un poco, pero si se pone empeño se pueden lograr grandes resultados”, afirma la profesional.

Sin duda que las cuarentenas en Antofagasta dejaron consecuencias, una huella ligada a la alimentación, cuya marca acompañará a todos por un largo tiempo.

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