Pasta base y pandemia: cuando los prejuicios se vuelven una cruda realidad

Pasta base y pandemia: cuando los prejuicios se vuelven una cruda realidad

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“Muchas veces tendemos a marginalizar los problemas de los adolescentes y no tomamos en cuenta que esa es una etapa fundamental en el crecimiento de los niños”, explica como uno de los motivos de inicio del consumo, la directora del Centro de Rehabilitación, María Irigoyen.

Por Alayha González y Paula Rojas

Colegio Marista Hermano Fernando de Alto Hospicio

La pandemia trajo consigo el aumento del consumo y tráfico de pasta base en Alto Hospicio. Un problema que ya era habitual en la comuna, se intensificó durante este periodo, al menos eso es lo que señalan algunos vecinos. Los testimonios indican que solo hace falta pasear por la ciudad para poder ver a los adictos que deambulan por las calles, que son pan de cada día, que alimentan el prejuicio de este lugar. la población hospiciana normalizó algo que en cualquier otra parte de Chile sería anormal.

La situación de esta comuna del norte grande en torno a la pasta es diferente al de otros lugares del país, así al menos lo cuenta Francisco Chamorro, de 39 años de edad, quien llegó desde la región de Valparaíso hace seis años, actualmente es usuario del Centro de Rehabilitación Templanza, de la población Santa Rosa. “La pasta base allá en San Felipe es como más tabú, no se acepta mucho el tema del angustiado”. Yo por lo menos cuando consumía pasta base en San Felipe siempre lo hacía escondido. La cantidad de consumo es totalmente distinta acá, por ejemplo, allá lograba tener amistad, lograba tener un trabajo, lograba desarrollar ciertas actividades, pero cuando llegué acá, comencé a consumir, porque acá es de mejor calidad, es más pura. Acá yo perdí todo”, agrega.

Antes y después de la pandemia

Un vecino aledaño del sector denominado popularmente como “Los Palafos”, punto neurálgico de tráfico y consumo de drogas, tiene 40 años de edad y 20 años viviendo en el sector y quien por motivos de seguridad prefiere reservar su nombre, manifiesta que el masivo ingreso de personas de otros países y la entrega de bonos son parte del problema. “Ha llegado mucho extranjero, entonces, llegan con algo para pararse, pa` hacer plata y hacer algo, yo creo que los extranjeros han ayudado al aumento de la droga” y agrega “creo que ha aumentado el consumo, acá en la misma población se ve mucha más gente que viene de afuera, el aumento se debe a la plata (bonos y 10%) que les ha llegado a todos, lo que hace crecer el consumo”, comenta.

En la misma línea, otro integrante del centro de rehabilitación, de 38 años, que prefirió no revelar su identidad, profundiza “Antes de la pandemia la droga se mantenía en un nivel, donde no toda la gente que hoy se encuentra en situación calle podía gozar de beneficios del gobierno. Durante pandemia viví privado de libertad y, a través de información que pude obtener, supe que recibir los bonos que entregaba el Estado, les daba la oportunidad a personas que no tenían trabajo y que estaban en situación calle, de poder gozar de un monto de dinero, lo que también aumentó el consumo”, sostiene.

La directora del centro de rehabilitación, María Irigoyen, concuerda con los demás entrevistados en el tema del 10%, pero agrega que también influye la poca fiscalización por parte de carabineros en los sectores de venta y tráfico de drogas. “Al comienzo de la pandemia había tres personas, hasta febrero que comenzaron a ingresar la mayoría. Hubo hartas deserciones producto de este retiro de dinero. Ellos querían desertar para poder consumir, obviamente acá se les da una o dos oportunidades. Después de una segunda, no pueden volver a retomar el tratamiento. Además, hay muy poca fiscalización de los puntos de venta y tráfico de drogas. Entonces, yo creo que todos sabemos dónde venden la droga, pero aun así no hay reducción de daños, no van a fiscalizar esos sectores”, manifiesta.

Sensación adictiva

Por otra parte, no se puede dejar de lado y como corresponsable del aumento de la droga en Alto Hospicio durante la pandemia, la devastadora dependencia que provoca la pasta base. El integrante de 38 años lo describe: “Estamos hablando de drogas que son durísimas, son super complicadas, son muy adictivas, que tienen un efecto al sistema nervioso central muy potente. Entonces obviamente el placer que genera en las personas es como para dejarlo ahí”. Además agrega “la pasta base es una droga represora, nos hace caer en un estado, donde coarta todos los sentidos que uno tiene y al consumirla causa un estado de placer que es momentáneo y a corto plazo, y al ser tan a corto plazo es que deja pidiendo ya la próxima dosis”, plantea.

Consumo infanto-juvenil

Dos de los entrevistados para este artículo comenzaron su consumo a los 13 años, lo que saca a colación la importancia del apoyo que se le debe entregar a los adolescentes, sobre todo en contextos difíciles como es el día a día en esta comuna de la región de Tarapacá. Uno de ellos describe “Pasé por situaciones súper complicadas en la familia, pasando por la pobreza, por abandono, una lucha constante que tuve desde muy pequeño, a los 13 años ya estaba fumando pasta base”. Por su parte, Francisco explica “Comencé a consumir a los 13 años, creo que fue gatillado por un abandono que tuve en el seno familiar”.

Con respecto al cuidado del tema emocional y psicológico a temprana edad, la directora del centro dice “Muchas veces tendemos a marginalizar los problemas de los adolescentes, porque son adolescentes, no tomamos en cuenta que esa es una etapa fundamental en el crecimiento de los niños, entonces, la mayoría de los adictos sufrió algo que gatilló que en la adultez consumieran droga o no se les tomó a tiempo atención. Hay que poner mucho ojo, es importante la salud mental en los niños”, señala enfática.

Esperanza

Ante la cruda realidad de estos testimonios se puede vislumbrar una luz de esperanza, el hombre de 38 años se encuentra a punto de finalizar su tratamiento y tiene la sincera intensión de cambiar su vida.

Por otro lado, Francisco no quiere volver a vivir en la calle y seguir su adicción, de la cual, tomó conciencia que no estaba bien durante su consumo. “Sabía que estaba mal, por tanto yo consumía llorando, y eso me llevó a pensar que necesitaba ayuda”, explica.

Estas experiencias de vida demuestran que aún existe la ilusión de acabar con esta problemática social que afecta a jóvenes y adultos de Alto Hospicio.

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