Salud mental, el lado oscuro de la pandemia

Salud mental, el lado oscuro de la pandemia

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Por Alayha González

Colegio Marista Hermano Fernando

Gracias a la pandemia he aprendido a mirar la salud mental desde otra perspectiva, he valorado su importancia para mí como para otros. Desde el comienzo de la cuarentena, me relacioné con tres emociones: frustración, estrés y miedo; frustración porque mi pieza, que para mí representa un espacio de desconexión del mundo se convirtió en un lugar de uso forzado. Estrés, porque lamentablemente, mi mamá, se quedó sin trabajo poco después que dejé de ir al colegio, lo que afectó la relación entre nosotras. Y miedo por las noticias negativas que salían en torno, al covid-19. Una de las noticias que más me llamó la atención, fue sobre las restricciones que enfrentarían las comunas en cuarentena.

Un ejemplo fueron las limitantes que establecieron para permitir que las personas pudieran salir a trabajar, algo que en una comuna como la de Alto Hospicio, en donde miles de familias viven al día, solo dificultaron más la situación. Según el Catastro Nacional de Campamentos 2020-2021 realizado por TECHO-Chile y Fundación Vivienda, más de 8 mil familias, equivalentes al 25% de la población viven en campamentos sin contar con electricidad, agua potable, sistema de alcantarillado, internet o un trabajo que les permita resistir con paz y tranquilidad el periodo de cuarentena. Otra noticia decía que la violencia intrafamiliar aumentó en las familias hospicianas, estos factores y otros se reflejaron en que el 70% de mis compañeros se ausentaran de clases virtuales.

La primera cuarentena duró ocho meses y acabó con mi “estabilidad” mental. Es una experiencia complicada, no salir, estar encerrada, empecé a sentir tristeza, no podía levantarme de mi cama, pero, gracias al esfuerzo de mis padres pude salir adelante. Diferente fue lo que pasó con un joven de Alto Hospicio, que hizo revalorar mi vida. Un estudiante de enseñanza media que al ver que sus padres perdieron sus trabajos y ante la imposibilidad de poder ayudar a su familia, decidió quitarse la vida.

En definitiva, la pandemia me ha mostrado de cerca y también a distancia la importancia de la salud mental. En Chile, según registros del Ministerio de Salud solo se destina el 2% del total asignado a salud para tratar la salud mental, lo que es muy poco para los estándares de la Organización Mundial de la Salud. Esto trae como consecuencia, que el dinero deba salir de los bolsillos de las personas para poder acceder a un tratamiento. Lo que nos deja a merced de “otra” pandemia, las afecciones mentales. No existe una cultura, en torno, a la solución de estos problemas, más bien prejuicios y poca información es lo que abunda. Queda esperar a que todo esto pase y que las consecuencias se puedan todavía enmendar.

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