«Profesora Alemana Hannelore Schriever: medio siglo al servicio de la educación»

«Profesora Alemana Hannelore Schriever: medio siglo al servicio de la educación»

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Autor: Victoria Palazuelos Makaus y Emelin Cifuentes Fuentealba
Diario El Acertijo (2014), Colegio Aleman Los Angeles (Los Angeles)

«Hay varias cosas que me afectan hasta la actualidad, por ejemplo, los sonidos de sirenas, el motor de los aviones o los ruidos sorpresivos demasiado fuertes. Visualmente, me afectan las salas muy poco iluminadas, con luz fría, me afectan los uniformes y ver aviones volando muy bajo. Además me quedó una especie de claustrofobia. Durante la guerra fui acumulando emociones negativas dentro de mí, como un peso del que no estaba consciente.»

En el mes de octubre, una docente que lleva muchos años trabajando en el Colegio Alemán, accede a dar una entrevista a El Acertijo, en su mesa de trabajo, donde elabora sus guías de aprendizaje, los adornos alusivos a su país natal: Alemania. Entre lápices y plumones, se hace un tiempo para conversar, enfatizando que no le gusta ser autoreferente y que prefiere no hablar mucho sobre ella, sino que prefiere enfocarse en su labor pedagógica.

Los profesores de diferentes áreas como lenguaje, matemáticas, música e historia, participan semanalmente de las clases. Fotografía: El Acertijo.
Los profesores de diferentes áreas como lenguaje, matemáticas, música e historia, participan semanalmente de las clases. Fotografía: El Acertijo.

Sin embargo, durante el transcurso de la entrevista, poco a poco va revelando hechos personales. Así, Hannelore Schriever, nos relata su experiencia como extranjera en Chile y sobre su vida en Alemania. Ella nació en el país germano y vivió durante la Segunda Guerra Mundial, cosa que aún ha dejado vestigios en su vida cotidiana: «No se debe olvidar que en Hannover, mi ciudad, los ataques de los aliados eran muy frecuentes porque era una ciudad estratégica para el transporte de alimentos y armamentos».

¿Qué efectos adversos para usted fue vivir durante la guerra?

Un cúmulo de efectos negativos, fue muy impactante vivir durante esa época, cosas que no se olvidan fácilmente y cuando ocurren hechos trágicos o conflictivos, me hace estar más sensible. Por ejemplo, el año 2003 vi en la televisión las primeras imágenes de las casas destruidas en Irak, comencé a llorar sin saber por qué, en ese momento reviví toda la guerra de mi niñez. Un hecho similar me ocurrió al día siguiente del terremoto, el 2010, estaba pasando por la calle Villagrán para comprar pilas y vi en el servicentro una larga fila de personas con recipientes para llevar agua a sus casas, tuve que parar el auto porque nuevamente comencé a llorar.

El gran incendio de Valparaíso, el 2013, al ver las imágenes en la televisión, me hizo llorar nuevamente, reflexionando me di cuenta que estas reacciones han sido como sacar un peso grande de encima, de esta forma siento que he sanado, aunque es una herida profunda que no se cierra fácilmente. Es así como las huellas y consecuencias de mi experiencia vivida en la guerra, sigue latente en mi existencia, ya que algunas fueron tan traumáticas que hoy me hacen reaccionar, por eso me hace sentir incómoda estar con poca luz, me dan ganas de gritar: ¡Enciendan una verdadera luz! o ver papeles sucios o arrugados en el piso en la calle, sobre todo cuando hay viento.

El cuidado de perros callejeros, esterilizarlos y buscar adopción, son las tareas de la Sociedad Protectora de animales. Fotografía: El Acertijo.
El cuidado de perros callejeros, esterilizarlos y buscar adopción, son las tareas de la Sociedad Protectora de animales. Fotografía: El Acertijo.

¿Cree que sacó algo positivo de la guerra?
Yo mencionaría dos cosas: Una es que durante la guerra aprendí a vivir con muy poco, y eso me permite disfrutar, estar feliz y agradecida de las pequeñas cosas de la vida. Creo que esto finalmente es una fórmula para la paz: si las personas aprendieran a detenerse de vez en cuando para ver y disfrutar de las cosas que poseen y lo que hay alrededor de su pequeño mundo, necesitarían mucho menos y estarían mucho más contentas, si la gente no necesitara más y más y no fuese egoísta, no habrían más guerras. Y el segundo aspecto es que la guerra formó un nuevo tipo de mujeres en Alemania, las llamadas «Trümmenfrauen» o «mujeres de los escombros», eran mujeres que no sólo trabajan en sus casas, sino que reconstruyeron el país, considerando que habían muy pocos hombres, eran verdaderas microempresarias, eran mujeres muy valientes y creativas. Esto me hace sentir muy orgullosa.

¿Usted escribió algunas memorias de su niñez?

Sí, redacté mis recuerdos y otros datos que mis padres me contaron, les compartiré un fragmento: «Durante una ofensiva muy grave, la entrada a nuestro refugio queda tapada con escombros. Las mujeres y los niños estamos atrapados. Mi papá nos cuenta, más tarde, que le costó harto mover los escombros, para rescatarnos. Pocas semanas después, nuestra casa queda tan dañada que todos deben mudarse. Nosotros podemos alojar donde un tío, es muy pequeño ese departamento y vivir en ese lugar es desagradable para todos. Varios meses después, nos mudamos al edificio de administración de la empresa donde trabaja mi papá. Antes esta empresa producía instrumentos de medición, ahora debe producir instrumentos para la guerra.

Algunas veces tenemos que correr al refugio dos o tres veces durante la noche, nos acostamos siempre con toda la ropa, salvo los zapatos (…) en 1944, los aviones con sus bombas llegan a plena luz del día, ese día mi pobre mamá está en el hospital, para dar a luz a mi hermana, la asiste solo una ayudante, ya que las enfermeras corren al refugio. Poco después desaparecen los muros de varias habitaciones, porque una bomba ha caído cerca de la clínica.

Recién llegada a casa, mi mamá prepara un pedazo de tela dorada y firme para cargar a la bebé. Al sonar la sirena, ella marcha al refugio cargando a la recién nacida sobre su pecho y llevando de la mano a mi hermano y a mí. Un día, cuando todos estamos sentados en el refugio, escuchamos un ruido espantoso, todo el refugio tiembla y se apaga la luz, las mujeres sienten mucha angustia por sus maridos. Debemos esperar un largo tiempo en total oscuridad (…)

Alrededor del año 1953 todas las alumnas de mi colegio tienen que juntarse en una asamblea especial, nuestra directora nos presenta a un señor pálido, flaco y muy serio, que era profesor que había regresado del cautiverio, él fue mi profesor y nunca lo vi sonreír, siempre fue un extraño. En esa época, comienzan a regresar a Hannover los repatriados, son hombres de aspecto gris y muy pobres, a muchos les falta un brazo o piernas, por eso caminan con muletas.» Luego de reflexionar sobre sus primeros años, habla sobre su cambio radical de vida.

¿Cómo fue su llegada a Chile?
Lo que me sorprendió en un principio fue que hubiera tanta gente con «pelo oscuro» En mi país, todos son rubios. El idioma fue muy difícil para mí, me sentí un tanto insegura porque mi castellano era de España, no de Chile, entonces cuando llegué, no entendía casi nada, todos hablan muy rápido, pero a pesar de que fue un gran inconveniente, yo quería encontrar trabajo y vivir aquí, entonces tuve que luchar. Yo viví dos años en Estados Unidos, y antes de eso, viví en Perú. También pasé un semestre en Inglaterra, desempeñándome siempre como profesora. Viajé mucho, Chile era solamente uno de los países, pero aquí fue donde quise quedarme.

¿Que la impulsó a quedarse?
Yo no quería seguir viviendo en Europa, porque nací durante la guerra, en Alemania tuvimos muy poco, después el país se desarrolló, yo estaba feliz en mi país, todo iba muy bien, demasiado bien.
Fue ahí cuando comenzó el egoísmo, porque parece que tenían todo, y no me gustó. Entonces quise vivir en un continente donde, yo pensé, la gente no tenía tanto, pero era más feliz y más alegre.

¿Qué tipo de trabajo desarrolla en el Colegio?

Cuando recién me incorporé, hice clases a los niños, trabajando en grupos más pequeños. Ya llevo 51 años trabajando como profesora y considerando toda mi trayectoria, empecé a enseñar el idioma alemán a los colegas. Ellos se incorporan voluntariamente y asisten a clases una vez a la semana, así aprenden a saludar, los números, los colores y también les comparto sobre la cultura de Alemania, ellos me preguntan sobre la parte histórica y a la vez yo aprendo de ellos, porque me comentan cómo es la cultura chilena. Hannelore, además de trabajar como profesora, posee un empleo voluntario y sin fines de lucro en la “Sociedad Protectora de Animales Los Ángeles”, siendo una de las fundadoras y perteneciente a la directiva.

¿Qué la motivó a ser parte de esta institución?
Me sorprendió la abundancia de animales sin dueños en las calles, así comenzamos la sociedad, que al principio refugiaba perros y gatos. Luego nos dimos cuenta de las rivalidades entre ambas especies, así que con el dolor de nuestras almas, tuvimos que dejar a los felinos de lado. ¿Qué destaca de esta función? Ayudar a perros abandonados, atropellados, heridos o a punto de parir es una labor fuerte y difícil, pero me da mucha satisfacción, porque siento que puedo ayudar, y ver lo agradecidos que están los animales. Es fantástico que, cada vez que vuelves al albergue, sientes que se acercan a la reja, quieren cariño, es muy bonito. Yo tengo mis propios perros, son como mis hijos adoptivos, porque yo no me casé ni tuve hijos, entonces el amor que ellos me entregan es impagable, ellos son mi familia, por eso los cuido y los protejo.

¿Cómo se financia el albergue para todos los perros que actualmente tienen?
Bueno, nosotros tenemos algunos socios que aportan con dinero, pero no es suficiente, se necesita alimento, vacunas, pagar al cuidador, también se hacen operativos de esterilización, porque cada vez hay más perros vagos, entonces hacemos otras actividades como ir a lugares públicos con afiches, con tarros para que la gente done algunas monedas, también llevamos nuestros perros para que los adopten. En el colegio, también hay unas cajas para reciclar el papel blanco que ya se utilizó, y ese dinero se reúne para financiar los costos del albergue canino.

¿Le gustaría entregar algún mensaje para los jóvenes?
Sí, que valoren más lo que tienen, en vez de pedir tanto, que disfruten lo que ya tienen, que observen la naturaleza, la primavera, que no estén encerrados en su cuarto todo el tiempo. El mundo es tan bonito si uno abre los ojos, y yo tengo la impresión de que muchos no abren los ojos, están en su mundo encerrados y pasan los años, sin haber visto su belleza. Yo observo como ellos están constantemente con sus teléfonos, no hay interacción entre ellos, no dialogan, y esto afecta también las relaciones entre los padres y sus hijos.

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