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Autoras: Nicol Armas, Yurimix Arroyo y Damaris Sarabia.
Diario Las 116 Victorias, Colegio Victoria Prieto (Santiago Centro)

El profesor Omar Cifuentes, bioquímico y actualmente docente de la asignatura de Química en los colegios de la Corporación del Arzobispado de Santiago, relata su sacrificio y trayectoria para llegar a ser profesional de la educación y el gran reto que significa ejercer en la actualidad. Además, enfatiza en la importancia de una educación que forme en valores que muchas veces no son enseñados en el hogar. “Solo el trabajo constante permite lograr buenos aprendizajes”, escribe el Profesor Omar Cifuentes en cada prueba o guía para animar a sus estudiantes a superar los retos, así como él lo ha hecho.

Hoy, estudiar pedagogía no es una opción reconocida por la sociedad ya que se ha desvalorizado la carrera y profesión  a través del tiempo. Enseñar se ha vuelto un tema de prejuicios, y los profesores de ahora están cansados de lidiar cada día con variadas dificultades: desde la disposición de los estudiantes hasta el sistema burocrático en que se ha transformado la educación. La tarea del docente es mucho más complicada que en antaño: actualmente debe enfrentarse a escenarios en los que es difícil enseñar, puesto que los estudiantes carecen de respecto, valor que debería ser formado en el hogar. No obstante, en estos días pareciera ser que las familias no solo han relegado a los colegios la tarea de educar a sus hijos en saberes y conocimiento, sino que también han dispuesto que la enseñanza formativa debe ser una tarea a realizar por los profesores.

Por tanto, la educación se ha transformado en un desafío constante en la que los docentes luchan no solo por entregar conocimientos y generar habilidades, sino también para crear conciencia en sus estudiantes, y transformarlos en sujetos activos de la sociedad y responsables de sus propias decisiones.

Nuestro entrevistado Omar Fernando Cifuentes Flores, más conocido como “el profe Omar” es un docente antiguo en la rama de la Química. Es oriundo de Concepción, pero las circunstancias de la vida lo hicieron emigrar a Santiago junto a su familia. En sus inicios siempre tuvo en mente pertenecer al área de la ciencia, y lo más acertado en un primer momento fue estudiar Bioquímica. En su formación personal, él siempre pensó que todo lo que iba hacer lo haría con pasión y con ganas. Sus 30 años de experiencia en el aula le han permitido entender cómo las antiguas y nuevas generaciones han transformado el ámbito de la educación. A través de sus ojos, el profesor Omar Cifuentes relata que la valorización de la pedagogía y la importancia de esta han ido decreciendo durante los últimos años.

¿Por qué decidió estudiar pedagogía y ser profesor?

Para ser franco en un inicio no pensé en la pedagogía. A mí me gustaban los experimentos y el área de la ciencia, así que estudié Bioquímica cuatro años y luego Licenciatura en Química dos años más. Conocí a mi esposa, tuve hijos y entonces me di cuenta que debía pensar en ellos, tener un trabajo estable. Para no dejar de lado mi sueño, es decir, mi afición por la experimentación, opté por enseñar. Ser profesor vino con los años.

Enseñar a las antiguas y a las nuevas generaciones

¿Cómo siente que ha cambiado en el tiempo la disposición de los alumnos?

A montones, ha ido evolucionando desde una etapa en la que había harto respeto para el profesor, hasta ahora en que se ha perdido completamente. Pero son razones variadas, no es una cuestión de culpar al alumno solamente, sino que hay una serie de cosas que influyen para que esto haya pasado: problemas en la casa, distracciones, vicios. Hay cosas más importantes que aprender algo nuevo y crecer como persona para los estudiantes de hoy en día. La educación ya no es un privilegio solo para las élites –y eso está muy bien-, pero es un derecho el cual no todos aprovechan.

¿Cómo era ejercer su profesión antes?

Era mucho más tranquila, porque como les decía uno tenía el respeto de los alumnos, uno entraba a la sala y los alumnos se paraban, saludaban y obedecían las órdenes sin mayor problema. Hoy en día uno tiene que enfrentar situaciones en que el alumno te responde o no te hace caso. Existe una pérdida de respeto y desvalorización a nivel general hacia la presencia del docente.

¿Qué aspectos negativos ve hoy en los estudiantes?

Lo negativo tiene que ver con la gran cantidad de elementos distractores, lo que hace que la disposición para aprender sea pésima. Esa es la parte negativa que veo. Además, también tiene relación con el ánimo y ansias que tienen los alumnos con el establecimiento, y de la disposición con la que vengan. Los alumnos no toman en cuenta que uno trabaja realmente porque ve que ellos lo necesitan, o sea, no vienen con una idea clara de lo que quieren, vienen porque se les obliga. No saben para dónde van y a veces esto se ve más potente en algunos casos porque los chiquillos se lo manifiestan a uno: vienen porque sí nada más. Antes, cuando a los estudiantes les ponían un uno, se preocupaban por subir, pero ahora la excusa es que al menos en los colegios donde yo trabajo no se pueden poner nota 1.0 si no que la nota mínima es 2.0, entre algunas otras cosas. Eso ha provocado que los estudiantes se relajen frente al sistema, dicen “que igual van a pasar”.

¿Qué situaciones complicadas ha tenido que enfrentar en su carrera como docente?

Por ejemplo cuando un alumno te falta el respeto, no te escucha o simplemente no le da la importancia que debería a una clase que como docente te costó elaborar. También cuando los alumnos se quedan dormidos en clase y no sabes cómo reaccionar frente a eso. Es complejo el tema más cuando pasaste una noche entera planificando la clase o empleaste tu tiempo libre en estudiar cada detalle. Solo sientes que tu esfuerzo no tiene importancia.

¿Cree que aún hay estudiantes comprometidos?

Sí, pero antes era diferente. Un ejemplo: en una sola sala habían al menos 6 problemáticos y los demás tenían ganas de aprender. Ahora es al revés y en los colegios a los que he ido los tratan como “pobrecitos”. No dejan crecer a los alumnos ya que intentan sobreprotegerlos y cuando ellos salgan a la universidad, o a la vida, no sabrán que la realidad es agobiante. Yo creo que como adultos el mayor error que cometemos es que les permitimos eso y los protegemos mucho.

¿Cree usted que la formación valórica del estudiante es más importante que la educación en conocimiento?

Yo creo que ambos son importantes. La formación valórica del estudiante lo ayuda a crecer como persona y la educación en conocimientos lo ayuda a tener bagaje de mundo, a poder enfrentarse a la sociedad. Así que yo digo que los dos son esenciales; es más funcionan juntos porque sin educación formativa y valores, que ahora se enseñan en el colegio, los alumnos en un futuro no durarían en su trabajo o profesión. Los dos van de la mano y los jefes prefieren una persona educada y formada en ese aspecto a una persona que solo tenga conocimientos.

Grandes cambios, y la necesidad de adaptarse a los nuevos contextos

Omar Cifuentes estudió en un colegio emblemático, uno de los más antiguos de Chile. Relata que en ese entonces educarse en un liceo fiscal era un privilegio. Añade que en esos tiempos el sistema educacional permitía la comunión de compañeros de distintas clases sociales, lo que era cimiento para la generación de empatía y apertura de mundo: todos aprendían un poco del otro. Con el tiempo las cosas cambiaron: se fueron desvalorizando y perdiendo. Actualmente, la segregación de los establecimientos ha dado pie para una terrible segregación social que se perpetúa continuamente.

En adición, el profesor Omar proviene de una época en la que la disciplina era mucho más dura de lo que es hoy, con reglas estrictas y castigos severos. Aquellos profesores que pegaban con una regla han pasado de moda. Por ende, considerando que el profesor Omar fue un docente formado dentro de ese contexto, su metodología ha debido adaptarse a estas nuevas generaciones y a los cambios de raíz que ha sufrido la figura profesional del profesor. Cabe destacar que este docente aun da batalla por sus alumnos dispuestos a aprender, y afirma que la buena relación con sus estudiantes también es esencial para fomentar el aprendizaje, puesto que ayuda a manejar el desinterés escolar que hoy en día se ha transformado en un obstáculo difícil de enfrentar.

Una mirada a la realidad actual de los docentes

Desde la perspectiva del profesor Omar Cifuentes, hoy en día es difícil ser profesor. El cambio en el sistema educacional y la disposición del estudiante por aprender han sido los aspectos más complicados de sobrellevar. Las estadísticas dan cuenta de una terrible deserción: un profesor que ha empeñado cinco años de su vida en su formación suele resistir solo tres o menos años ejerciendo. La desvalorización y el poco interés se suman al exceso de trabajo, a la mala remuneración y al escaso tiempo. Aunado a ello, la cantidad de estudiantes es otro factor importante: un docente no es capaz de atenderlos como quisiera, de hacerse cargo de cada una de las necesidades que ellos poseen. A pesar de ello, existen ciertos intersticios en los que la pedagogía se transforma en una profesión que deja grandes y cuantiosos frutos, quizás no cuantitativos, pero sí cualitativos. Respecto a ello, el profesor Omar Cifuentes rescata la cercanía con los estudiantes, la conexión que se puede llegar a establecer con ellos, como también el hecho de que la pedagogía es una profesión en la que constantemente se está aprendiendo, de allí la importancia de crear comunidades de aprendizaje entre colegas. Un profesor siempre debe ser capaz de aprender y adaptarse.

¿Qué aspectos rescata de ser profesor?

He tenido alumnos que han manifestado que quieren ser como yo, y que en un futuro se proyectan a seguir mi ejemplo porque me ven como modelo. A pesar de todo lo negativo, unas simples palabras como esas dan el sentido global a todo lo que implica ser docente. Por lo mismo actualmente me gusta el lugar en el que trabajo, porque si bien las realidades de los colegios en los que me desempeño son diferentes, los estudiantes logran grandes cosas y uno como profesor se siente bien cuando eso pasa.

A pesar de las dificultades de la profesión docente, el profesor Omar Cifuentes continúa ejerciendo y dedicándose a esta hermosa labor. Actualmente trabaja en tres colegios de CEAS. Fuentes: Diario Las 116 Victorias
A pesar de las dificultades de la profesión docente, el profesor Omar Cifuentes continúa ejerciendo y dedicándose a esta hermosa labor. Actualmente trabaja en tres colegios de CEAS.
Fuente: Diario Las 116 Victorias

“He aprendido de mis propios colegas, no tanto de la universidad”

El profesor Omar Cifuentes rescata la importancia de aprender en comunidad, y que su perfeccionamiento ha venido con los años, no necesariamente de aquello que aprendió en la universidad. En este sentido, su opinión al respecto es que un profesor se forma con el tiempo y la experiencia. De ello proviene la importancia de generar lazos entre colegas. La pedagogía es una profesión que se transforma día a día.

“Solo el trabajo constante permite lograr buenos aprendizajes”

Esta es una de las tantas frases que el profesor Omar escribe en las pruebas o materiales didácticos que entrega a sus alumnos. Él dice que esta es una forma de estimular a sus estudiantes, aunque también tiene presente que el mensaje no llegará a todos de igual manera: no todos lo leerán ni tendrán el ánimo de comprenderlo y hacerlo parte de su vida. No obstante, sí han existido alumnos que se han acercado a él, motivados por esos pequeños gestos. El profesor Omar cuenta que eso le gusta y que lo motiva a continuar con su incansable labor día a día.

Dada su experiencia enseñando a las antiguas y a las nuevas generaciones, ¿cuál es su opinión respecto a los alumnos?

Yo creo que los estudiantes son siempre el presente, no el futuro. El futuro son las siguientes generaciones, ustedes son un ahora que puede mejorar o cambiar algo a futuro. El futuro son sus hermanos pequeños, sus hijos e hijos de sus hijos. Al menos yo creo eso. Ustedes pueden hacer algo ahora para cambiar el sistema en el que están, pero también deben poner de su parte para demostrar que quieren cambiar algo.

Para finalizar, ¿nos podría relatar alguna anécdota que lo haya marcado como profesor?

Una vez viví una experiencia que me hizo entender el cambio de relación entre las antiguas generaciones y estas nuevas generaciones de estudiantes. Fue un día en que llegué a la sala y todos los alumnos estaban sentados dando la espalda a la pizarra y, por ende, al profesor. En un principio me pareció gracioso y quizás para ellos también lo era. Quizás esperaban alguna reacción de mi parte: que les llamara la atención o los anotara, o tal vez no, quizás solo querían realizar una acción que los sacara de su rutina, divertirse. Los dejé estar un momento y luego les solicité que volvieran a la posición normal para realizar la clase. Lo hice de buena manera, tratando de entender la situación e imaginándome qué era lo que ellos estaban intentando enseñarme en ese momento a mí, porque uno también aprende. Ellos parecieron conectar conmigo, se dieron cuenta que no iba a realizar un problema por lo que estaban haciendo, y obedecieron. Allí comprendí que existe un sentido común que uno debe despertar en los estudiantes, una conexión. No es necesario estresar al alumno llamándole la atención todo el tiempo, como tampoco es necesario que el profesor se estrese llenando el libro con anotaciones. Actualmente, por ende, tengo la actitud de que venir al trabajo es también una instancia para pasarla bien, es decir, disfrutar con lo que hago.

RECUADRO

Con 30 años de experiencia el profesor Omar Cifuentes afirma que la labor de enseñar se ha vuelto una tarea difícil debido a los cambios en la sociedad y, en consecuencia, en las familias. “Antiguamente se decía que la educación partía en la casa: uno recibía alumnos que venían y sabían qué querían y tenían clara la película, por decirlo así. Con valores y principios básicos de un alumno, disposición y ganas de saber, de tener conocimiento. Ahora creo que eso ya no existe: la mayoría de los estudiantes van al colegio solo por obligación, no por la necesidad de saber, de aprender. Ese es el grave problema”, opina el docente. Las razones para este escenario son variadas: la gran cantidad de nuevos estímulos, tecnológicos ante todo, a los que actualmente los estudiantes se ven enfrentados. Sumado a ello, la falta de apoyo familiar también se ha convertido en un gran obstáculo. Esta carencia repercute en muchas carencias que el colegio debe intentar solventar, aunque sin lograr resultados óptimos siempre.

La educación es el motor de la movilidad social. Su relevancia es trascendental, y en ocasiones los estudiantes por inmadurez o falta de apoyo no consiguen comprenderlo. “La única herencia que te puedo dejar son tus estudios”, recuerda el profesor Omar que antiguamente los padres decían a sus hijos. “Ahora no todos lo toman en cuenta”, finaliza. En consecuencia, un profesor no es solo el encargado de enseñar conocimientos, sino también de formar en valores, escuchar, incluso en ocasiones de suplir carencias afectivas. “Es difícil ser docente porque las exigencias son muchas”, añade el profesor. A ello se suma la desvalorización social de la pedagogía.

“La educación es un derecho el cual no todos aprovechan”, reflexiona Omar Cifuentes. Los estudiantes deben comprender que es necesario ser consecuente con aquello que dices y aquello que haces. Muchos de ellos están dispuestos a realizar movilizaciones para mejorar la educación, pero no se percatan que en el presente esa posibilidad está en sus manos. Ellos mismos desaprovechan sus actuales oportunidades. La educación no es solo un tema de autoridades, es también un ámbito en el que ellos son los principales actores. La calidad vendrá cuando se den cuenta de la importancia de educarse hoy.

 

 

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