A pesar de su memoria centenaria, las construcciones de este sector céntrico de Santiago han sido abandonadas por el sector público.
Autores: Ignacia Mora y Dylan Mora
Diario Relatos Victorianos, Colegio Victoria Prieto (Santiago)
Caminar por las calles de distintas localidades de Chile puede transportar al peatón a tiempos lejanos. Se necesita de una mirada rigurosa y atenta. Este país, como muchos otros de América Latina e inclusive del mundo entero, dispone de grandes barrios patrimoniales que datan del siglo XVII y XVIII.
Los sectores pertenecientes al patrimonio cultural llaman la atención de muchos turistas por diversas razones. La más destacable es su arquitectura centenaria. Además de ser zonas atractivas por sus años de antigüedad, también lo son por las huellas que han dejado en la memoria del país. Desplazarse por estos barrios puede abrir diversas interrogantes: ¿cómo se han mantenido hasta la actualidad?, ¿qué entidades gubernamentales están a cargo de ellas?, ¿quiénes se preocupan por restaurarlas?
Santiago dispone de un gran número de barrios patrimoniales. Ejemplos de estos son: el Barrio Brasil, O’Higgins, Bellavista, Patronato, Yungay, entre otros. La mayoría de ellos datan desde el periodo de la Colonia. Lamentablemente su importancia ha quedado atrás, opina Julio Arellano, residente y actual trabajador en uno de estos sectores. Esto se debe a la falta de cultura que se tiene como país y sociedad. Incluso, comenta, “he visto que algunas casas están en estado deplorable ya que las mismas personas dañan su infraestructura, rayándolas”.
Historias de Esperanza
Uno de los sectores más bellos, pero a la vez más olvidado, opina don Julio, es Yungay. Según Santiago Turismo (2012), la arquitectura de este barrio data desde el siglo XIX aproximadamente. La calle Esperanza, que es parte del sector de Yungay, actualmente cuenta con un gran patrimonio arquitectónico. A menos de dos cuadras desde la Alameda, el peatón atento se encontrará con un sector de al menos una decena de enormes casas antiguas, de variados colores.
Cristian Lillo, vecino del sector, nació y vivió gran parte de su vida en una de estos inmuebles centenarios. Hoy en día atiende un almacén en lo que antiguamente fue su hogar. Al respecto, cuenta al diario Relatos Victorianos, que “estas casas están consideradas patrimonio. Son súper antiguas. Están hechas de adobe y además tienen vigas de roble americano. Actualmente este material no se puede utilizar en la restauración ya que es madera protegida”.
Un hito importante del barrio Esperanza fue lo sucedido en el liceo Miguel Luis Amunátegui. Este complejo educacional abrió sus puertas a la educación en el año 1890. Sin embargo, fue clausurado en el año 2018. Debido a una toma del establecimiento, terminó quemado y con daños de infraestructura, lo que le dejó en precarias condiciones. Actualmente el liceo ya no está funcionando. La municipalidad de Santiago no se ha hecho cargo ni de su mantención ni restauración, a pesar de ser una construcción parte del patrimonio arquitectónico del barrio.
La conservación del barrio
Asimismo, las viviendas del sector, hoy en día, no están en el mismo estado que antes. Hace unos años atrás, una parte del cité de coloridas viviendas se quemó. Restaurar y reconstruir les fue complejo a los vecinos. Al ser construcciones patrimoniales, la municipalidad exige que la fachada mantenga su estructura original. Cristian cuenta que «son los mismos propietarios quienes deben hacerse cargo de la mantención de sus casas, a pesar de lo costoso de ello. El municipio de Santiago solo se ha preocupado de nombrarlas patrimonio, pero no de su conservación». A pesar de ello, el vecino destaca los nuevos jardines que la municipalidad plantó hace unos cuatro años atrás. Afirma que estos ayudan a embellecer el sector, y hace un llamado a los vecinos a cuidarlos.
Otro punto interesante del sector Esperanza ha sido su transformación desde un barrio residencial a uno comercial. Los inmuebles patrimoniales también han dado lugar a locales de comida peruana y china. Respecto a la construcción original, el municipio exige mantenerla. Incluso, se debe respetar el color. Julio Arellano asegura que para pintar las fachadas se necesita un permiso de la municipalidad. De lo contrario, un cambio en la fachada sería dañar el patrimonio arquitectónico. Es precisamente esto lo que el municipio busca evitar ya que, “dañar el patrimonio es dañar la memoria de la ciudad”, afirma este vecino del sector.
Ambos entrevistados afirman estar de acuerdo en que la preservación de los barrios patrimoniales es un asunto que debería tomar más importancia a nivel país. Cristian Lillo, aunque ya no vive en el barrio Esperanza, se refiere a sus inolvidables experiencias de infancia en este sector. Lo que más destaca al respecto es cómo antes el barrio funcionaba como una comunidad familiar. «La calidad de vida era mejor e incluso no existía el miedo actual a los robos. No obstante, que la municipalidad se ha hecho cargo de instalar nuevas luminarias y de pavimentar todas las calles», agrega que aún es necesario que se destinen recursos a la preservación de los inmuebles.
Por su parte, Julio Arellano valora este barrio y afirma con emoción «que este tipo de arquitectura no se encuentra en cualquier sitio».
La opinión de estos vecinos da cuenta acerca de la importancia de proteger este barrio patrimonial olvidado. Diferentes catástrofes, tanto naturales como provocadas por el ser humano, han llevado a que las centenarias estructuras de calle Esperanza comiencen a desaparecer.





















