En Coelemu, la cestería forma parte de la tradición cultural y ha pasado por momentos difíciles, pero en el último tiempo ha visto esperanzas para continuar desarrollando un trabajo artesanal que traspasa generaciones.
Autores: Norma Coronado, Krishna Contreras, Carla Tapia, Mara Muñoz
Diario La Voz del Itata, Escuela Villa Jesús de Coelemu.
En diversas comunas del país se están realizando acciones para reducir el plástico que tanto daño está causando. Este material que por décadas se utilizó de manera industrial, está afectando la vida de diversas especies y del planeta.
Estas medidas destinadas a proteger el ecosistema, también favorecen que las personas vuelvan a ocupar productos elaborados con recursos naturales y confeccionados de manera artesanal, apoyando también que oficios tradicionales no desaparezcan.
En Coelemu, el tejedor de mimbre es uno de esos oficios que forman parte de la tradición cultural chilena y siguen dando respuesta a necesidades de la vida diaria.
En la actualidad, “existe una naciente conciencia del cuidado del medio ambiente y de la reutilización de las materias primas. Las personas quieren volver a utilizar los canastos y las diferentes artesanías en mimbre como respuesta a la legislación que regula el plástico», comenta al diario La Voz del Itata, Viviana Rivera, profesora de Ciencias naturales.
La cestería en mimbre es una actividad artesanal que se realiza en diferentes regiones de Chile, principalmente en la zona central. Y aunque la escasez de materia prima dificulta la supervivencia del oficio, existen personas que siguen trabajando para que no quede en el olvido.
«Hace poco volví a enamorarme de este trabajo, sobre todo ahora que el mimbre está siendo más valorado, ya que estuvo mucho tiempo dado de baja por el plástico, y como ahora se está eliminando, se está haciendo famoso otra vez”, explica el artesano en mimbre Ricardo Miere de Coelemu, quien realiza este oficio heredado por su padre.
Las culturas autóctonas de las más diversas latitudes crearon y desarrollaron el tejido manual en base a fibras vegetales para elaborar elementos de uso cotidiano.
Un trabajo difícil
Como cualquier trabajo tiene un proceso que llevar a cabo, donde cada paso, desde la extracción del mimbre hasta su procesamiento debe ser debidamente trabajado.
“Esto es pura paciencia, ir a buscar el mimbre, luego se ocupa un pelador para pelar el mimbre, en otros lugares lo cuecen primero como a los ladrillos. Luego se parte el mimbre, se ocupa un palito que lo separa y posteriormente el mimbre se pasa por una canteadora”, explica Ricardo Miere.
No solo llevar a cabo este oficio era complejo porque no era muy bien pagado en términos monetarios, además existía socialmente un prejuicio a los oficios manuales. “Antes a mí me daba vergüenza hacer este trabajo ya que me decían “mimbrero” y desde ahí no lo había hecho hasta ahora, estuve 25 años sin hacer este trabajo, mi padre me lo enseñó y de siete hermanos solo dos sabemos hacer este trabajo”, cuenta el artesano de 50 años.
Si bien en el último tiempo se ha rescatado el valor del oficio, aún queda pendiente la tarea referida a quienes lo seguirán practicando, ya que como señala Ricardo Miere “de las últimas generaciones de la familia nadie muestra interés por este trabajo”.
Otros oficios en peligro
Al igual que la cestería, en la Región de Ñuble existen otros trabajos que producto del uso de materiales sintéticos o el desarrollo tecnológico ha disminuido el número de personas que se dedican a ello.
Es el caso de los zapateros, que a pesar de los cambios de las últimas décadas han logrado reinventarse. “Hemos tenido que modernizarnos de acuerdo con estos tiempos, tenemos nuevos materiales de trabajo, tratando de reparar estos nuevos calzados que vienen de otros países”, relata Luis Nova.
“Hoy está difícil la cosa, a veces pasan días antes que me llegue algo para reparar, porque se compran estos zapatos chinos de mala calidad y que son más baratos. Que los hacen pasar como de cuero, pero que no lo son, ya que al sacar la planta se ve que lo que parece cuero es en realidad mezclilla pintada”, señala el reparador de calzado.
El oficio de cerrajero también se ha visto en peligro de desaparecer, pero ha logrado mantenerse ampliando la variedad de servicios. Así cuenta Jesús Rivas, hijo de cerrajero de Coelemu, que recuerda como su padre ayudaba a mucha gente cuando las llaves de las casas se perdían. Aprendió a través de la observación el uso de las máquinas que tenía su padre en el taller cuyo ruido era característico.
“Actualmente he seguido el oficio de mi padre haciendo estas llaves, pero también he tenido que realizar otras tareas que ahora se necesitan y vendiendo otros productos para ir ampliándonos”, comenta el cerrajero, quien ha debido inventar estrategias para que el oficio familiar no desaparezca definitivamente.






















Invitamos a leer este articulo, mezcla de tradición y resistencia.
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