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Con 87 años la señora Riola todavía sigue vigente en el arte de la greda. Dice que seguirá haciéndolo hasta sus últimos días, incluso, en cielo.

Autor: Benjamín Ignacio Cires González y Monserrat Eugenia Sarabia 

Diario El Renacer de Quinchamalí, Escuela Quinchamalí (Chillán)

Sentada bajo su parrón escuchando rancheras de una radio local encontramos a la señora Riola Castro Sandoval. Alfarera conocida en Quinchamalí por ser la locera activa más longeva del sector.

Con 87 años todavía se mantiene vigente en este arte, que en el sector no trabajan más de 50 personas. Ya ad portas de cumplir 88 años, la señora Riola mantiene una vitalidad envidiable. Nos comenta que todos los días se levanta a las seis de la mañana para darle de comer a sus pollos y luego realizar diversas labores domésticas en su casa.

Sagradamente a mediodía la señora Riola inicia, como ella lo denomina, una de sus mayores pasiones y lo que le llena el corazón: la alfarería en greda.

Con paciencia la locera ordena una a una sus herramientas de moldeo, todas artesanales hechas de madera y de piedra. Posteriormente abre un saco donde tiene la materia prima, arcilla plomiza, la cual mezcla con agua para moldearla con sus arrugadas manos, que reflejan los años de trabajo en el oficio de este arte.

Ahí comienza su mundo, donde ella se sumerge y deja llevar su imaginación y talento,  donde puede pasar horas creando hermosas figuras que luego son vendidas en el sector y en el Mercado de Chillán.

¿Señora Riola me comentaban que usted que es una de las alfareras más longevas de Quinchamalí?

Estoy quedando yo no más de las más viejas, todas mis vecinas y amigas que hacían lo mismo que yo fallecieron o ya no pueden trabajar.

Qué pena…

Es triste mirar atrás y darse cuenta que muchas personas no están. A veces me pego mis lagrimones sola cuando me acuerdo, pero hay que seguir no más, así es la vida.

¿Toda una vida en este arte?

De los 14 años cuando aprendí este oficio, de ahí en adelante ya no he parado y no creo que lo haga tampoco, hasta que me muera (ríe)… Incluso si me muero seguiré en el cielo haciéndolo (continúa riendo).

Señora Riola de eso quiero que conversemos, ¿cuénteme un poco sobre sus inicios? ¿Cómo aprendió el arte de la greda?

Como te decía, yo empecé a los 14 años mirando a mi abuela, mi madre y mis parientes. Me acuerdo que primero bruñía y lustreaba y mi madre también me mandaba a componer, así me inicié en esto.

¿Pero mirando? como alguien no le iba a enseñar

Mirando nada más, así hice los primeros monitos, que deben haber quedado harto feos. Recuerdo que yo sola iba a buscar la greda y  me ponía hacer cositas, primero monos sin sentido, ya después hice las primeras guitarreras, que se las vendí a la finada, no me acuerdo del nombre pero era de apellido Sandoval, Doña Olga Sandoval me parece, a ella les vendí las primeras guitarreras junto con las otras piezas y me las pagaron bien y así seguí haciéndolas.

Entonces, esto nació como algo más comercial que como pasatiempo

Claro porque en esos tiempos uno debía trabajar en algo, no podíamos estar echados en la casa. Entonces yo partí así, creando y después vendiendo mis piezas en Chillán y en el mercado, donde hasta el día de hoy soy conocida por los locatarios más antiguos.

Pero déjame decirte que esto también me relaja, siempre me ha relajado, no es pura plata porque si no fuera así no lo haría. Esto me entretiene y me mantiene la mente despejada y en movimiento.

Todos vemos las figuras terminadas en ferias y acá en mismo en Quinchamalí y siempre digo esto debe ser mucho trabajo. Detállenos, para que las personas sepan, ¿cómo empieza y cómo termina la creación de una pieza de greda?

Bueno, estos son unos terrones de arena fina que se sacan del rio, que después se echan a remojar encima de un saco de nylon, se le echa agua y entonces se remoja. Ahí uno debe revolverla, antes la pisaba con el pie, pero ahora no, con la pura mano nada más. Se requiere gran fuerza para hacerlo.

Y de ahí armo una especie de bolitas, las cuales voy dándole la forma que yo quiero. Ahora estoy haciendo un burrito, entonces primero hago el cogote, la cola y las patas y al último le hago el mono.

Después esto debe echarse a cocer por unas horas, se saca, se bruñe y se lustra.

¿Y de a dónde sacan la materia prima?

Antes la arena la buscamos en cualquier parte, acá en este sector se da harto a orilla del río, pero ahora la greda la compramos, es más práctico así que andar cargándola al hombro como antes.

Señora Riola lo que hace es harto trabajo, ¿eso le traído problemas a su salud?

Por supuesto. Siempre ando con dolores en la espalda y las manos. También tengo reumatismo, ya que la greda es helada en el invierno, pero durante toda mi vida he convivido con estos dolores, son comunes en nosotras las alfareras, hay que echarle pa’ adelante nomás sino más vieja me pongo (ríe).

¿Y le deja plata siquiera lo que hace?

No es para hacerse para hacerse rica, pero deja para vivir. Antes eso si no se pagaba tan bien como ahora, por lo que debíamos trabajar más. Ahora como se valora más nuestro arte sacamos más platita y podemos darnos nuestros gustitos, pero no muchos, porque hay que ahorrar.

LEGADO

Mucho se habla de que oficios como el de los talabarteros, curtidores de cuero, chupallas y en el caso de ustedes, las alfareras, están en peligro, ya que nadie seguirá el legado ¿qué opina usted?

Esa es una preocupación que una tiene siempre, pero sabes aquí en Quinchamalí pasa algo especial. En los últimos años autoridades se han preocupado mucho por mantener vigentes nuestras costumbres.

En la escuela, por ejemplo, se le está enseñando a los niños y niñas este arte a la antigua, ellos moldean con las manos como se ha hecho desde siempre, entonces creo que no todo está perdido y la alfarería de Quinchamalí seguirá vigente.

No la emociona ver que niños tan pequeños, como es el caso de alumnos y alumnas de la escuela Quinchamalí se interesen por perpetuar el arte de la greda

Claro que me emociona, por eso cuando salió la iniciativa de poder enseñar a niños y niñas esto yo fui la primera que se ofreció para enseñarles, así estuve dos años con este taller en la escuela y me salí, porque mi salud no me acompañó, pero entiendo que todavía siguen haciéndolo.

Así es ahora el grupo se llama “Los Alfareritos”. Es un taller extraescolar y también son conocidos por lo que hacen

Que bien, eso es mérito del profesores y su director, que se preocupan por mantener vigentes nuestras cultura y tradiciones. Eso habla muy bien de ustedes y de los niños, que en vez de hacer otras cosas se interesan por la greda.

Esto no puedo no preguntárselo. A su juicio ¿cuál es la principal diferencia entre la alfarería de Pomaire y la de Quinchamalí?

Yo tuve la oportunidad de ir a Pomaire y conocer el proceso de elaboración. Ellos a diferencia de nosotros usan tornos y máquinas moldeadoras, además su greda es diferente. Otra característica de ellos que hacen piezas más para la cocina, living y dormitorios.

Quinchamalí es conocido por su “guitarrera” y su “chancho de tres patas”, eso es lo que vende y lo que busca la gente en Chillán cuando viene de afuera. Creo que la gente valora el hecho de que nuestras figuras se hagan a mano artesanalmente, valoran nuestro trabajo y el arte que una tiene en las manos.

RECONOCIMIENTOS

¿Usted cree que a la alfarería de  Quinchamalí se le ha dado el reconocimiento que merece?

En estos últimos años he visto que se ha valorado mucho nuestro trabajo, cosa que tiempo atrás no pasaba. Me imagino que las autoridades se dieron cuenta del tesoro humano que tenían en este pedazo de tierra y recapacitaron (ríe)…

¿Y usted distinciones ha recibido?

Si me han entregado algunas cositas por ahí por mi trabajo, debo tenerlas guardadas en mi casa, pero ya ni me acuerdo donde están.

La alfarería de Quinchamalí el año 2014 fue reconocida con la “Denominación de Origen”. Me imagino que orgullosa con esa distinción.

Yo hasta el día de hoy no sé bien de qué se trata esa cuestión. Entiendo que es para proteger nuestros productos y lo que hacemos. Pero eso sin duda, me pone orgullosa, porque yo también me siento parte de ese logro, todas quienes nos dedicamos a esto debemos estar felices de que por fin se nos valore.

Creo de verdad que hemos conseguido muchas cosas como artesanas, gracias a nuestro trabajo se ha puesto los ojos en Quinchamalí, si hasta lo están hermoseando para que nosotras vendamos nuestras piezas acá.

Usted habla de lo que está haciendo en el sector el Programa Quiero Mi Barrio, ¿le gusta los trabajos que se están realizando?

Yo estoy muy contenta, porque están arreglando lugares que por mucho tiempo estuvieron abandonados. Ahora tenemos nueva iluminación y nuestras calles se ven más lindas. Espero Dios me dé vida para alcanzar a ver todos los avances, porque también quiero aprovecharlos (ríe).

¿Señora Riola y hasta cuándo va hacer cosas, no va a parar nunca?

Hasta que mi Dios lo disponga tendré mis manos metidas en la greda. Para esto nací y Dios me dio un don muy bonito, que no todos tienen que es dar vida al barro a través de piezas. Si volviera a nacer haría lo mismo, nunca pensé de hecho en dedicarme a otra cosa, soy una mujer muy agradecida de la vida… yo todos los días doy gracias por esto.

Señora Riola Diario el Renacer de Quinchamalí quiere agradecer su deferencia por recibirnos en su hogar y darnos este entrevista.

Gracias a ustedes por venir a ver a ver a esta vieja y por interesarse por la vida de las alfareras de Quinchamalí. Suerte y espero que sigan haciendo estas cosas.

Recuadro de Texto: Reconocimiento con sello «Denominación de Origen»

En diciembre del año 2014 el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) hizo entrega oficial del reconocimiento como “Denominación de Origen (D.O.)” a la Unión de Artesanos de Quinchamalí, por la alfarería del sector reconocida a nivel nacional e internacional con su icónica figura de la “Guitarrera” como estandarte.

La Alfarería de Quinchamalí, se caracteriza por ser de color negro, que se obtiene por la quema y el ahumado directo en base a combustible de guano o paja, el cual es decorado con elementos pintados en blanco sobre el negro de la pieza. Esta alfarería es producida solo en las localidades de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca, comuna de Chillán, XVI Región de Ñuble.

¿Pero qué significa tener Denominación de Origen? Esto identifica un producto como originario del país, región o de una localidad del territorio nacional, cuando la calidad, reputación u otra característica del mismo que sea imputable fundamentalmente a su origen geográfico, teniendo en consideración los factores naturales y humanos que inciden en la caracterización del producto (INAPI).

Con ello se contribuye al rescate de la cultura local y que se incremente la demanda por dicha alfarería. También se espera mejorar el posicionamiento de los artesanos, que subsistan en el tiempo con su trabajo y que generen nuevas rutas turísticas para su comuna y región.

En entrevista con los diarios locales de Ñuble (Crónica Chillán y La  Discusión) Mónica Venegas, Presidenta de la Unión de Artesanos de Quinchamalí, señaló que “este reconocimiento es algo muy importante por lo que luchamos por muchos años. Si bien es cierto, nuestro trabajo es algo único que se realiza en el país, pero es fundamental destacarlo, porque nos comparan con otras gredas y tenemos que explicar nuestro discurso; que nuestro trabajo es manual, ancestral, que no ha cambiado con el tiempo….por lo que esta Denominación de Origen nos da el sello, la certificación, que sí somos nosotras las creadoras de este oficio, de este arte».

 

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