Si bien llevan años trabajando, es durante la pandemia cuando alcanzan mayor protagonismo por la atención profesional que entregan a través de sus asistencias médicas y en la implementación de estrategias para visibilizar el Trastorno del Espectro Autista.
Por Bárbara Arancibia Bustos
Colegio San José de San Bernardo
“Antes de la pandemia teníamos todo súper rígido, todo apegado a una rutina. Máximo se despertaba, se vestía, comía, Íbamos al colegio, estudiaba, iba a la psicopedagoga dependiendo del día y volvía a la casa, y después pasaba en el teléfono o computadora pero ahora con la pandemia ha cambiado mucho su rutina, afectándole bastante los primeros días y meses”, expresa Sofía Mora, estudiante de tercero medio, residente de San Bernardo y quién vive su día a día con su hermano Máximo, que padece Trastorno del Espectro Autista (TEA).
A raíz del covid-19,quedó en evidencia una de las mayores crisis en la salud mental de la población, afectando mayormente a quienes padecen este trastorno. Según la OMS, “1 de cada 160 niños en el mundo,tiene un TEA” mientras que en Chile, según fundación FUAN, “1 de cada 51 niños y niñas presenta esta condición”.
“Pese a estas cifras, es necesario establecer un catastro detallado a nivel nacional para tener certeza respecto a quiénes son los casos de TEA en Chile, y así también establecer estrategias puntuales para cada uno”, expresa Andrea Pacheco, educadora diferencial y residente de San Bernardo.
El TEA ha sido objeto de estudio y análisis, pero tras la aparición del covid-19, adquiere mayor protagonismo en la población. En este sentido, según Andrea, “el trastorno del espectro autista, es posible distinguirlo en tres categorías, donde están las personas con alto rendimiento, los de un rendimiento moderado y aquellos casos que ya son severos”.
Sin embargo, resulta fundamental evitar el encasillamiento rotundo, pues todos los TEA son diferentes, como asegura Ximena Moya, directora del centro comunitario Casa Ciudadana de San Bernardo, pionero en la comuna respecto a atención integral: “dentro del TEA ningún niño es igual a otro, todos los niños son distintos, algunos al comer son selectivos y otros comen de todo, hay niños que no soportan las zapatillas, otros que no soportan la etiqueta de la ropa, algunos que hablan y otros que simplemente no lo hacen”.
Una luz en el camino
Desde marzo de 2020, los responsables de Casa Ciudadana, supieron sacar provecho de las dificultades y las múltiples consecuencias que trajo consigo el covid-19. Aumentaron las atenciones, visibilizaron y dieron mayor valor a la salud mental, generando, además, una red completa de atención para quienes sufrían por trastornos como el TEA.
La crisis provocó esperanza y certeza en ellos, por lo cual decidieron mejorar sus dependencias dejando las instalaciones de Eyzaguirre 12 que ocupaban desde el 2016, expandiéndose así a un recinto más amplio y con mayor cobertura, quedando actualmente en la calle O’Higgins 120, de San Bernardo.
“Los niños con TEA destacan por su inteligencia y por lo perfeccionista que son. Su cariño es único y no lo expresan a cualquiera. Eso sí, el día a día es súper difícil, ya que se descompensan e irritan muy rápido y caen en un cuadro de ansiedad pero conocer la Casa Ciudadana ha sido una experiencia maravillosa, ya que mi hijo ha tenido muy buen resultado. Ellos comprenden muy bien por lo qué está pasando y le brindan todo el apoyo que necesita. Apenas consulté por atención, me otorgaron de inmediato ayuda psicológica y diferentes terapias, apoyándome al 100%” sostiene Natalia Carrasco Ulloa, madre soltera y que asiste al centro desde 2020 con Agustín, su hijo de 7 años.
Sin crisis sanitaria, no se habría visibilizado la salud mental ni mucho menos quienes viven con TEA. Por eso a pesar de ser consecuencia indirecta del covid- 19, la esperanza toma relevancia y permite soñar con una sociedad realmente inclusiva.
“En ese momento estábamos en un abismo, pues no sabíamos qué hacer. Hay poca información e ignorancia. Pero nos aventuramos en la exploración y recibimos información sobre la Cada Ciudadana, y aunque no nos atendimos ahí, sí pudimos obtener consejos desde sus redes sociales que nos ayudaron bastante”,sostiene Sofía Mora.
TE Acompaño
La Casa Ciudadana destaca por su rol social comunitario y atención integral en San Bernardo, gracias a sus múltiples servicios tales como psicología infanto juvenil y adulto, terapia ocupacional, fonoaudióloga, psicopedagogía, educación diferencial, asesorías jurídicas, yoga infantil y reforzamientos pedagógicos, con lo cual logran dan respuesta a gran parte de las demandas de la población.
Además permiten un acceso universal a sus servicios, materializándose en la diversidad de sus aranceles diferenciados. Los montos fluctúan desde 5 mil hasta 15 mil pesos, integrando, además, una gratuidad y un sistema de becas internas que benefician con tratamiento completo desde marzo a diciembre o más tiempo de ser necesario.
“Nos preocupamos prácticamente por todo. Acá nada se improvisa, por el contrario, existe un trabajo profesional en todas sus letras. Por ejemplo, en los casos de sospecha por TEA, primero aplicamos el test ADOS-2, que es una escala de observación para el diagnóstico del autismo y que nos permite evaluar distintos comportamientos para determinar si existe tal espectro y luego de ello, comenzamos con las estrategias pertinentes para cada paciente. La idea es entregar una atención integral, encontrando un lugar amigable y sobre todo reconfortante”, menciona Ximena, directora del centro.
Su rol ha sido determinante incluso pese a ser totalmente independiente de la municipalidad. Han asistido a más de 204 familias y están constantemente lanzando campañas de ayuda para acercar y socializar a la población con TEA, como sucede con el apadrinamiento de algún niña o niño del centro bajo el eslogan TE Acompaño, mostrando así la necesidad de compañía que existe en todos los casos donde existe este trastorno.
La pandemia trajo crisis, angustia, temores e incertidumbres, pero también abrió las mentes de que nada sucede meramente por suceder, sino más bien para enrielar el camino iluminándolo con esperanza hacia la resiliencia y sabiduría que tras toda crisis, una oportunidad se vislumbra en el horizonte.





















