La vida es una caja de bombón

La vida es una caja de bombón

111
0
Compartir

Por Emilia Esparza Altamirano

Colegio San José de San Bernardo

La vida, la tuya, la mía, la nuestra, es una caja de bombón, porque realmente nunca sabes cuál te va a tocar.

Desde que Chile tuvo su primer caso de covid-19 e iniciaron las cuarentenas, no supe qué podría pasar en la mía. Mi vida fue una caja de dulces de la cual no tenía certezas. No sabía qué era una pandemia, mucho menos distanciamiento social. Ignoraba qué deparaba el mañana para mi familia y la sociedad misma.

La incertidumbre comenzó a ser parte de mi cotidianeidad durante mucho tiempo.  Si tener clases suspendidas alguna vez fue un hermoso sueño, por culpa de la pandemia, resultó ser una terrible pesadilla. Todo cambió para enfrentarnos a un porvenir desconocido.

Sin embargo, nada es eterno y tal cual dice mi papi, “una dificultad es una ventana para lograr una oportunidad y así alcanzar un aprendizaje” y justamente aunque vivimos tiempos complejos, también nos ha enseñado con creces a disfrutar de lo simple de la vida y a agradecer por esos momentos familiares donde persiste el amor verdadero.

Las crisis dejan lecciones. Antes pasaba más tiempo en el computador jugando. Ahora en cambio, aprovecho cada momento con mi familia, incluso conocí juegos de antaño. Pasé más tiempo con mi perrita, pues si bien antes podía hacerlo, no me daba cuenta de lo importante que era estar con ella.

En Chile, pero también en San Bernardo, ha sido difícil estar en cuarentena. Se perdieron trabajos y rutinas, provocando en gran parte un deterioro emocional. Pocos sortearon con éxito los problemas económicos, pues había que seguir comiendo y pagar servicios. Veía las ayudas sociales lejanas e incluso falsas, pero cuando nos llegó el IFE,  entendí que sólo veíamos la punta del iceberg. Nos ayudó bastante, sobre todo a mis padres para pagar deudas y también con mi hermana, poder tener ropa y calzados que no podíamos tener de otro modo.

Somos perfectibles y como seres humanos podemos adaptarnos ante la adversidad. Sabemos sortear con éxito los problemas. Por eso, en tiempos de encierro valoramos los talleres online y las capacitaciones remotas que comenzaron a impartirse, principalmente para distracción y escape al bombardeo de noticia respecto al covid-19.

Hoy, soy más tolerante, aprendí que no todos tienen las mismas necesidades. Aprendí  a organizar mis tiempos y a calmar la ansiedad. Descubrí talentos, como tejer a crochet y pintar cuadros.

Por esto, hoy y para siempre, recordando versos de Mercedes Sosa “solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente. Solo le pido a Dios que el futuro no me sea indiferente”.

Simplemente espero que todo esto no sea en vano y realmente nos sirva para madurar como personas y así ser una comunidad donde el sol brille para todos por igual.

No hay comentarios